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Opinión: "El Estado hizo buen negocio con privatizaciones"
• Ingresos
Si bien la cotización bursátil puede subestimar el valor de los paquetes de control, la compra por parte de Petrobrás de 58,6 por ciento de Pérez Companc permite una aproximación. El precio pagado por el comprador (u$s 1.125 millones) determina un valor empresario (100 por ciento del capital) de u$s 1.920 millones, que resulta 156 por ciento superior a su cotización bursátil a agosto de 2002 (u$s 750 millones). Si ese factor de corrección se aplicara al total de la muestra de empresas privatizadas, resultaría un valor empresario de las mismas 23 por ciento inferior al ingreso económico percibido por el Estado.
La participación del capital extranjero en las privatizaciones fue significativa. Del total transferido por el Estado al sector privado entre 1990 y 1999, 68 por ciento, es decir más de dos tercios, fue adjudicado a no residentes.
• Relevancia
El rol preponderante de la inversión externa en las compañías privatizadas torna relevante el análisis del efecto que esa inversión ha producido en el Balance de Pagos de nuestro país. El primer enfoque está dirigido a medir la participación de las empresas privatizadas en la posición de inversión internacional bruta del sector privado. Esa posición consigna el estado de situación patrimonial visto desde el lado de los pasivos, esto es, lo que en una simplificación constituirían las obligaciones internacionales del sector privado. Se compone de tres elementos: a) la inversión extranjera directa (IED), que incluye las participaciones accionarios superiores a 10 por ciento del capital total de la empresa de que se trate; b) la inversión de cartera (IC), que computa las participaciones menores a ese porcentaje; y c) las obligaciones financieras, es decir el endeudamiento. La IED constituye la forma más permanente de participación del capital externo, mientras que las obligaciones financieras son las menos estables. Para el promedio del período 1992-1999, las empresas privatizadas representaron 29 por ciento del total del sector privado, con una incidencia mayor en los componentes de capital (IED + IC), y menor en el endeudamiento.
Asimismo, para el período 1992-1999, el promedio de la participación del capital en el financiamiento total fue de 59,8 por ciento para las empresas privatizadas y de 52,7 por ciento para el resto.
Por otra parte, la renta de las (IED + IC) inversiones está condicionada a la obtención de utilidades de la compañía, lo que constituye una limitación al egreso de fondos a través de la cuenta corriente. Si la compañía de que se trate no genera ganancias, no puede remitir dividendos al exterior. En el otro extremo se encuentran las deudas, que constituyen obligaciones exigibles a un deter-minado plazo, así como lo son los intereses que esas deudas generan, con lo que su efecto potencial negativo es significativamente mayor que en el caso de las inversiones de capital. Por esas razones, la elevada capitalización de las empresas privatizadas constituye un factor claramente positivo en cuanto a su incidencia sobre las cuentas externas del país. Resulta interesante analizar cuál ha sido el comportamiento de los flujos, tanto en lo que se refiere a la cuenta corriente como a la cuenta capital y financiera. En la cuenta corriente se computan los egresos generados por rentas correspondientes a utilidades y dividendos por una parte, y a intereses por la otra. En la cuenta capital y financiera se reflejan los aumentos de pasivos, es decir los ingresos de capital originados por la inversión extranjera directa, la inversión de cartera y nuevos préstamos.
• Rentas
Durante el período 1992-1999 los ingresos de capital superaron nítidamente a los egresos por rentas, tanto en el caso del sector privado en su conjunto, como en el de las empresas privatizadas. Por la cuenta capital y financiera las empresas privatizadas ingresaron 39.883 millones de dólares, y giraron por rentas en la cuenta corriente 13.365 millones, con un ingreso neto de 26.518 millones; en el mismo lapso el resto de firmas extranjeras generó un ingreso neto de 51.050 millones. En consecuencia, las compañías privatizadas fueron responsables de 34 por ciento de los ingresos netos de fondos desde el exterior. El gráfico 1 muestra las cifras comentadas.
La tasa promedio de utilidades y dividendos remitidos al exterior por las empresas privatizadas fue de 7,1 por ciento y supera la correspondiente al resto de las compañías extranjeras, que alcanzó a 5,2 por ciento. A lo largo del período, el sector de privatizadas regis-tra una tendencia creciente, mientras que lo contrario sucede con el resto. Aún así, la tasa de transferencia de utilidades al país de origen de las opera-doras privatizadas se ubica en niveles razonables a lo largo del período. En cuanto a las tasas de interés implícitas, el promedio de las compañías privatizadas fue de 8,2 por ciento, y el correspondiente al resto de las empresas capital externo fue de 7,9 por ciento.
Si se adicionan las utilidades y dividendos remitidos al exterior, y las utilidades reinvertidas en el país, se determinan las ganancias totales obtenidas. Relacionando ese valor con el stock de capital (inversión directa más inversión de cartera), puede calcularse el retorno sobre el capital.
La rentabilidad de las compañías privatizadas fue en promedio de 9 por ciento para el período estudiado, y se ubica en niveles normales de acuerdo con estándares internacionales. El ROE promedio del resto de las firmas extranjeras fue de 6,5 por ciento.
El gráfico 2 indica los niveles de ROE alcanzados por una muestra de las 900 empresas norteamericanas de mayores ventas, que operan en 24 sectores, según un estudio publicado por el semanario «Business Week» en diciembre de 2001, sobre la base de datos proporcionados por Standard & Poor's en diciembre de 2001. En el mismo se observan los niveles registrados por el total de la muestra (9,1 por ciento) y los correspondientes a sectores afines con las empresas privatizadas. Un estudio similar publicado por el mismo semanario en julio de 2002 consigna que el ROE promedio para las 1.000 empresas en todo el mundo con mayor valor patrimonial fue de 16,3 por ciento. La comparación revela que la rentabilidad generada por el sector privatizado argentino se encuentra en línea con la obtenida por esas empresas.
Otro concepto de remisión de fondos al país de origen es el pago por servicios de gerenciamiento, que se contabiliza en la cuenta corriente. El total girado en el período 1992-1999 por las empresas privatizadas ascendió a 1.557 millones de dólares, con un promedio anual de 195 millones de la misma moneda. Su incidencia, medida en relación con el capital, es decreciente. Las transferencias al exterior por este concepto equivalieron, en promedio, a 1,5 por ciento anual del capital, descendiendo en 1999 a 1,1 por ciento.
Más allá de las consideraciones precedentes, el proceso de privatización es susceptible de una crítica fundamental, imputable al gobierno que las llevó a cabo: el destino dado a los ingresos percibidos. Entre 1992 y 1999 las arcas fiscales recibieron más de 19.000 millones de dólares en efectivo, los que fueron utilizados para financiar el aumento del gasto público corriente. Es decir, se destinaron ingresos de capital a financiar gasto corriente. Aquí se encuentra la auténtica dilapidación de las joyas de la abuela.
Si en lugar de ese mal uso, los fondos se hubieran destinado a cancelar deudas, aquellos 19.000 millones de dólares habrían permitido rescatar deuda pública externa por 56.000 millones de dólares. Esto hubiera sido así porque el valor promedio al que el Estado recibió títulos públicos en pago parcial de las privatizaciones fue de 34 por ciento. Si el gobierno hubiera renunciado a recibir efectivo, y a cambio hubiera aceptado la utilización de títulos públicos, el resultado hubiera sido el que se menciona. Ese rescate de deuda hubiera significado cancelar dos tercios de la deuda externa pública existente a fin de 1999, y así se habría evitado caer en la cesación de pagos que hoy enfrenta nuestro país.
Un párrafo aparte merecen las concesiones de obras y servicios otorgadas al sector privado en el período considerado. Si bien no han afectado las cuentas externas, pues la participación del capital extranjero en las mismas no fue significativa, sí ha implicado un costo fiscal relevante, a través del otorgamiento de subsidios (ferrocarriles) y de las dificultades para percibir los cánones acordados (correos y aeropuertos).


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