12 de enero 2001 - 00:00

¿Qué se busca en Agricultura?

La noticia sobre cambios estructurales en algunas áreas de «segundo o tercer nivel» del gobierno, como se informó en su momento oficialmente, dio lugar a una serie de rumores y especulaciones que alcanzaron también a la vapuleada Secretaría de Agricultura de la Nación.

Así aparecieron desde una amplia gama de nombres para ocupar el lugar que hasta ahora ostenta el pampeano Antonio Berhongaray, hasta comentarios sobre cambios en la propia estructura del Ejecutivo, en los que se aseguraba que el área pasaría directamente a Presidencia, en lugar de mantenerla en la órbita de Economía, como hasta ahora. Muchas de las versiones eran alentadas desde las propias filas del oficialismo radical, en general bastante crítico a la gestión de esta cartera.

Los condimentos tampoco fueron menores y pasaron desde una gestión directa del ex presidente Raúl Alfonsín para interceder por la suerte de Berhongaray (hace 15 días) hasta la recreación de algunas áreas, otrora pertenecientes a Agricultura, como la Subsecretaría de Pesca, en este caso en la órbita de Industria.

Las versiones fueron cobrando más vigor en la medida en que no hubo ratificación ni rectificación oficial hasta prácticamente las últimas horas. Lo trascendente, sin embargo, no pasa por los cambios de hombres, ni siquiera de «nombres» (hay toda una corriente que propugna lograr elevarle el rango a ministerio, como fue desde su creación en 1898), sino por la ejecutividad real que pueda recuperar y el rol que le asigna el gobierno a esta cartera. Y lo que hoy se ve muestra más un alarmante debilitamiento que cualquier otra cosa, lo que es grave desde el punto de vista de la estrategia de país que se busca (¿un país fuertemente agropecuario sin área de Agricultura?).

En los últimos 12 meses la secretaría perdió 2 de las 3 subsecretarías que tenía, la mayoría de los técnicos senior con los que contaba, entes altamente profesionalizados como el INASE (semillas), programas como el Promex o Cambio Rural, que intenta mantenerse aunque sea parcialmente con apoyo de las provincias, parte de su presupuesto, casi todos los directores del área que venían de concursos y participación en las negociaciones de Cancillería y Comercio Exterior, etcétera.

Hoy, temas como la comisión de fruticultura ya funcionan en la órbita de la Jefatura de Gabinete, al igual que un grupo que trabaja para la promoción de exportaciones (básicamente, de carne); conflictos comerciales como el de la leche con Brasil están en el área de Industria, lo mismo que la mayoría de los temas de la industria alimentaria que, de hecho, reportan allí.

Desde el punto de vista político, la dirigencia sectorial ya en general, y desde hace meses, «dialoga» con el ministro de Economía, con el jefe de Gabinete o, directamente, con el Presidente.

Y en este contexto, a la mayoría no le importa demasiado si es secretaría o ministerio, si es este u otro funcionario político el que está al frente, lo que interesa es que las cosas funcionen y que el país, estratégicamente, tenga una definición política acorde con la importancia que el sector tiene para la Argentina. Pero ésta es una decisión y definición que, en este caso, tiene una fuerte connotación de política partidaria y que sólo va a adoptar el propio presidente De la Rúa, aunque varios en su entorno presionen para acortar los tiempos.

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