Jerusalén - Los dos coches bomba que explotaron en Jerusalén no lograron coartar la iniciativa estadounidense de llevar a las partes a implementar las conclusiones del informe Mitchel. El nuevo enviado especial de Estados Unidos para Medio Oriente, William Burns dialogó en Ramallah con el líder palestino, Yasser Arafat, y trató de convencerlo de hacer todo lo posible para poner fin a la violencia y al terrorismo.
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El primer ministro israelí Ariel Sharon, con quien se reunió Burns por la tarde en Jerusalén, dijo que Israel aceptaba en forma completa el informe Mitchel, incluido el inciso que llama al congelamiento absoluto de las construcciones en los territorios, que se podría implementar una vez concluida la violencia y el terrorismo. Israel dice que al hablar de la fórmula de congelamiento de las construcciones en los asentamientos está dispuesta a ir mucho más lejos de lo que estipulan al respecto los lineamientos básicos de la coalición de gobierno.
Arafat, por su parte le dijo a Burns que Israel había hecho 96 infracciones del cese de fuego por él mismo declarado. Y según el ministro israelí de Defensa, Binyamin Ben Eliezer, durante la última semana se registraron 90 atentados contra civiles y militares israelíes, incluyendo varios coches bomba.
Y aparentemente no serán los últimos, ya que el jefe de la policía confirmó el sábado que en el terreno hay decenas de células palestinas que están tratando de hacer atentados en el territorio israelí, y que no es posible detener a los terroristas que tratan de entrar a Israel con paquetes explosivos o coches bomba.
Es que entre el Estado de Israel y Cisjordania hay una línea imaginaria -la línea verde-que se extiende por varios centenares de kilómetros y su clausura hermética es una misión imposible. Pero lo más notable a lo largo de estos últimos días es la falta de reacción militar israelí ante los ataques y los múltiples atentados. En una entrevista por el Canal Dos de televisión, el ministro Ben Eliezer dijo que Israel hará todos los esfuerzos para que el mundo entienda que los palestinos deben interrumpir la violencia.
Después de meses en que los gobiernos de Ehud Barak y de Sharon asestaron dolorosos y estériles golpes de represalia contra la Autoridad Palestina (AP), en Israel entendieron finalmente que no pudiendo vencer al terrorismo, deberán conquistar la opinión pública y la simpatía mundial, empujando a Europa y a Estados Unidos a ejercer presiones sobre Arafat. Pero eso sólo puede lograrse si los televisores de todo el mundo tienen en sus pantallas las explosiones en Jerusalén y las víctimas israelíes, y no los entierros multitudinarios de activistas palestinos.
Después de la reunión con Burns, fuentes palestinas dijeron que Arafat se habría mostrado dispuesto a reunirse con el ministro de Relaciones Exteriores israelí, Shimon Peres. Pero del despacho de Peres no hubo confirmación.
Dentro de la cúpula del liderazgo palestino comienzan a notarse las grietas del desacuerdo. Si la AP no es responsable directa por los últimos atentados, por lo menos los propicia. La policía oficial de Arafat tomó parte de los honores en el sepelio de un activista suicida del grupo terrorista Hamas que hizo detonar la última semana un camión bomba junto a un puesto militar israelí en la Franja de Gaza. Las bombas colocadas por los integristas dejados en libertad de las prisiones palestinas, no logran sacar al ejército israelí de sus carpas, desde que el primer ministro Sharon anunció hace seis días un cese de fuego unilateral. Arafat quiere arrastrar a Israel a una dura reacción militar para lanzar sobre ella la ira internacional, pero por ahora el juego le sale al revés.
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