Jerusalén - La explosión de ayer en un céntrico restorán de Jerusalén, durante un típico mediodía de verano cuando familias enteras almorzaban pizzas, forzará al gobierno israelí de Ariel Sharon a una reacción diferente a las conocidas.
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Se trató de uno de los ataques terroristas más graves en los diez meses de la Intifada Al Aqsa, sólo superado por el que dos meses atrás acabó con las vidas de 23 personas, en la puerta de una discoteca en Tel Aviv. Sólo que aquí entre las víctimas hay seis niños pequeños.
Mientras la policía no descartaba que pudiera producirse otro atentado en la ciudad, el pánico en Jerusalén era total. Dos horas después del atentado, la explosión del neumático de un autobús en la estación central llevó a los medios de comunicación israelíes a anunciar el estallido de una nueva bomba. Pasaron varios minutos hasta que la información fue corregida. Los acontecimientos de la jornada impusieron un estado de ánimo colectivo tan denso que Sharon no podrá ignorarlo a la hora de decidir cuál será la reacción.
La política de blancos selectivos, aplicada por el gobierno desde su formación, fue en realidad heredada de la anterior administración de Ehud Barak. En ella se basa lo que los palestinos llaman círculo de violencia y los israelíes, defensa propia.
Israel acusa a Yasser Arafat de ser el responsable directo por los atentados. El canciller Shimon Peres, quien incluso seguía abogando por el retorno al diálogo de paz, reveló a la prensa que el terrorista suicida que atacó ayer figuraba en una lista de sospechosos entregada a Arafat en sus propias manos, dos meses atrás. Israel solicitaba que esas personas fueran detenidas, como lo estipula el acuerdo de Oslo y pactos posteriores, suscriptos todos por Arafat. El que el agresor no haya sido arrestado y haya terminado perpetrando semejante desastre es un golpe directo a la credibilidad del líder palestino.
Los israelíes dicen que desde el acuerdo de cese de fuego instrumentado por el director de la CIA, George Tenet, el 12 de junio último se produjeron 1.200 atentados con 25 muertos y 140 heridos. Forzado por las presiones internacionales, el presidente del gobierno autónomo palestino repudió mínimamente lo que él llamó la acción en Jerusalén, llamando a la creación de una fuerza de observadores internacionales, liderada por los Estados Unidos, para el control del cese de fuego.
Reunión suspendida
Arafat suspendió una reunión planificada para ayer por la tarde en Ramallah con los jefes de todas las facciones palestinas opositoras para tratar su propuesta de formación de un gobierno de unidad. Hamas y la Yihad Islámica, que reivindicaron el ataque de ayer, estaban invitadas al encuentro, pese a que se oponen a todo compromiso con Israel y reclaman la creación del Estado en la Palestina histórica, lo que supone la destrucción de Israel.
Arafat y su movimiento Al Fatah aceptaron la existencia de Israel y reclaman en cambio los territorios conquistados en 1967, incluida Jerusalén Oriental. Si un gobierno de unidad palestina entre esas posiciones no es posible, Arafat necesitará del apoyo de sus críticos para seguir adelante con su política de oposición activa a Israel, la que -considerale dará mejores resultados que las negociaciones diplomáticas. Durante los últimos días, Peres se había esforzado por convencer a Sharon de la necesidad de retomar el diálogo con el líder palestino.
Desde que asumió las riendas del gobierno, después de las elecciones de febrero último, Sharon insiste que no negociará con los palestinos bajo fuego. El atentado de ayer sólo servirá para que se consolide más en esa postura.
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