En 1989 Raúl Alfonsín volcó al país al precipicio de la hiperinflación y abandonó antes su mandato presidencial en medio del incendio. Doce años después, en estos días del año 2001, es señalado el mismo político como principal impulsor de un nuevo retorno de la Argentina al abismo. Esta vez el que tendría jaqueado su mandato en el nuevo incendio sería su correligionario De la Rúa y con menos tiempo en ejercicio. ¿Se sentirá con esto reivindicado Alfonsín? No es creíble tanto egoísmo.
Sí lo es lo que trasciende sobre una nueva teoría conspirativa de las que suele aferrarse Alfonsín para disimular, ante sí por lo menos, que sus ideas, salvo en su férrea y reconocida defensa de la democracia, pertenecen a una realidad político-económica y un manejo de la cosa pública que no tiene manera de no conducir siempre e inevitablemente a un país, en este caso el nuestro, a algún desastre periódico.
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Para Alfonsín admitir eso, pese a las contundentes pruebas a que ha sometido y somete al país con final desastroso siempre, sería negar su vida política. Nunca se contentó con ser un campeón de la democracia, que ya era mucho, muchísimo. Sus compromisos de subsistencia partidaria lo han llevado a opinar donde es cavernario. A administrar la Nación cuando indudablemente no era su fuerte y a influir ahora ante un gobierno endeble al que ayuda a hundirse más. Esa prioridad partidaria, ese desconocimiento de la realidad a administrar y no medirse en sus embates frente a la sociedad y la precariedad del gobierno De la Rúa ha llevado al ex presidente a otra teoría original: Domingo Cavallo y los banqueros quieren apropiarse del manejo de los elevados fondos de la ANSeS y del PAMI para sacar suculentas ganancias.
¿Es creíble esta teoría -también apoyada por la izquierda nativa-que prácticamente equivale a acusar de negociado conjunto a Cavallo y los principales bancos y banqueros? ¿Será, si el ministro dirige esos organismos, una nueva asociación ilícita que algún día encontrará votos cuando el ganador del «Gran Hermano» en TV logró 350.000 y pagando para votar) es lanzar una acusación fácil, buscando que prenda en la opinión pública. O por lo menos que deje discurso preelectoral. Pero es penoso que en función de este tipo de creaciones demoníacas se esté destrozando el país, el ahorro público y cualquier posibilidad de reactivación.
Nadie puede demostrar -es cierto y por eso se lanzan esas ideas-que no haya tal interés en los bancos que son empresas. Tampoco negar -aunque suena esotérica una conspiración internacional así- que se actuara para apretar con la tasa de interés y el riesgo-país a la Argentina para obligarla a caer en brazos de Cavallo, los banqueros y sus apetencias con la ANSeS y el PAMI. Un banquero representa muchos accionistas del mundo. No es concebible que ante esos accionistas elaboren estrategias que les significaron en estos días una pérdida de depósitos en las entidades de 800 millones de pesos; 300 millones de dólares en caída en las reservas del país; un call (dinero entre bancos) que ayer llegó a un insólito 85%; pases que también ayer debieron solicitar al Banco Central en cantidad de 1.060 millones, y caída en los títulos argentinos que tienen en sus carteras de 25% en dos semanas. Además provocar, por la dramática situación argentina, derrumbes bursátiles y devaluaciones en los países emergentes, fundamentalmente los vecinos latinoamericanos. Hasta afectamos desde aquí la Bolsa de Madrid por la situación de las empresas hispanas con gruesas inversiones en la Argentina. Anoche el Presidente por lo menos terminó otorgando un mayor control de los pagos de la seguridad social a través de los bancos. Fernando de la Rúa oscila entre la mayor certeza que le da Cavallo y la ansiedad por tener algún apoyo aunque sea del comprometedor alfonsinismo pero se le van acotando los tiempos en una grave encrucijada que sigue siendo política mucho más que económica.
Es penoso ver cómo se está jugando hoy con el país en función de intereses políticos.