Santo Tomás decía que justicia tiene que ver con equidad, que es darle a cada uno lo que le corresponde, y explicamos en Ambito Financiero del 22-8-00 que el eximio penalista Sebastián Soler había escrito: «No se concibe un orden jurídico en el cual los particulares deban limitarse a presenciar pasivamente la cotidiana violación de sus derechos». Pero parece que nuestras actuales teorías, en las que el que repele un injusto va preso y el agresor es el héroe, ya tienen vigencia en Uruguay. Así, Martín Palermo fue paseado y arrestado como un vil delincuente y crea conciencia de la debilidad en que se encuentra ante la Justicia quien intenta rechazar una agresión que puede ser de hecho, verbal o violatoria de las reglas particulares.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
La esencia de la cuestión es que en el local donde se encontraba Palermo, estaba prohibido sacar fotos. Por ello, el fotógrafo ingresó ocultando una cámara de bolsillo, sabiendo que estaba realizando una acción irregular. El derecho está para proteger a los que actúan de buena fe y no para asistir a las irregularidades, siempre que haya cierta correlación entre la agresión inicial y su rechazo. Nuestro Código Civil (art. 2470) autoriza «el empleo de una fuerza suficiente cuando los auxilios de justicia llegarían demasiado tarde» y cobija «a la persona de ser garantizada contra toda violencia».
Principio jurídico
Perseguir a una persona, aunque sea pública, fastidiarla todo un día para terminar sacándole una foto ilícita donde no se debía es violencia y quien actúa con violencia deberá hacerse cargo de sus consecuencias predecibles. Además, existe un principio jurídico que proclama: «Nadie puede validamente ir contra sus actos anteriores, reconociendo prime-ro un derecho para luego desbaratarlo». Vale decir que si un fotógrafo adujo en su defensa ciertos códigos que -según él-quien va a esa confitería es para que le saquen fotos (en realidad está prohibido y Palermo no fue por fama), olvidó algún otro código que dice que el que cosecha vientos puede sembrar tempestades. De tal modo, que si se conduce por tales particulares códigos, debería acatar todos por igual, en vez de ponerse en víctima lacrimógena cuando el acto irregular que acometió para obtener la foto que lo llevara a él a la fama luego se le vino en contra.
Dejá tu comentario