30 de julio 2001 - 00:00

Una explosiva mezcla de política y religión

Jerusalén - La Explanada de las Mezquitas o Monte del Templo es un sitio sagrado para musulmanes y para judíos, pero está controlado por las autoridades religiosas palestinas que prohíben la entrada por cualquier motivo que no sea el de rezar a Alá. Se trata de una decisión mucho más política que religiosa, aunque en el conflicto palestino-israelí las diferencias entre ambas esferas sean muy borrosas.

Ayer, el noveno día del mes de Av en el calendario lunar, fue una jornada de ayuno y plegaria para los judíos creyentes. Hace 1931 años las legiones romanas destruyeron el Gran Templo de Jerusalén por segunda vez. Pero también allí se mezclan la religión y las aspiraciones nacionales.

Por la mañana, unos sesenta miembros de una organización extremista mesiánica judía, Los Fieles del Monte del Templo, trataron de colocar allí la piedra fundamental para la construcción del Tercer Gran Templo de Jerusalén. La acción había sido limitada de antemano por la Corte Suprema y la procesión sólo fue autorizada a circular fuera de las murallas de Jerusalén, dentro de las cuales se hallan las mezquitas. La piedra, de 4 toneladas y media, fue finalmente devuelta al sitio en el que se encuentra el resto del año, frente al consulado de Estados Unidos en Jerusalén oriental.

Mientras en Jerusalén unos «luchaban por el templo», en Tel Aviv decenas de miles de personas ocupaban los cafés que permanecieron abiertos por primera vez en este día de duelo.

Las dos principales ciudades de Israel parecían estar en dos países distintos.

• Objetivo

Pero tanto para los habitantes de Tel Aviv como para los de Jerusalén, el objetivo principal de Israel es alcanzar la calma absoluta. Ese deseo está en boca de todos, pero la discusión de cómo lograrlo abarca todos los puntos del espectro político: por medio de una fuerza masiva, de concesiones territoriales, congelando las construcciones en los asentamientos, o dividiendo a los dos pueblos físicamente por medio de cercas y zanjas.

Yasser Arafat
y la conducción palestina hacen, por su parte, esfuerzos por reencaminar la Intifada creándole objetivos más realizables. Ya nadie ignora que la desaparición de Israel es prácticamente inalcanzable.

Uno de esos objetivos es una convocatoria de una convención panárabe, aun cuando los que deben ser convocados no se muestran demasiado entusiasmados. Otro es recobrar la confianza y el apoyo de la izquierda israelí, clave en caso de que se reanuden las negociaciones de paz.

Los palestinos están también interesados en la creación de una fuerza internacional que acompañe desde ahora la continuación del conflicto y tenga facultades de arbitraje. Además, satélites europeos podrían controlar el cielo de Medio Oriente para seguir las construcciones en los asentamientos.

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