El 30 de junio dejará su cargo como presidente del Banco Mundial Davis Malpass y se abrirá la carrera para la ocupación de uno de los cargos más importantes a nivel mundial vinculados a la economía internacional, el que, obviamente, tendrá consecuencias directas sobre la realidad argentina. Dado que se trata de un cargo destinado únicamente a un norteamericano, se supone que el próximo titular del organismo financiero provendrá de las filas demócratas, dado que es el presidente de los Estados Unidos y su administración el que propone a la persona para ocupar el cargo. Como además debe ser electo por consenso en una terna (así es la tradición), habrá tres candidatos de extracción política adaptable a las ideas de Joe Biden y su gente para que asuma en la entidad. Para Argentina, en principio, debería representar una buena noticia. O al menos el inicio de una etapa más flexible que la vivida en los años de Malpass, quién se mostró durante la gestión de Alberto Fernández como un crítico (a veces duro, otras directamente feroz) contra las políticas económicas implementadas por el oficialismo. Sólo con la llegada de Sergio Massa, y luego de un encuentro que ambos mantuvieron en septiembre del año pasado, la relación entre el país y el organismo financiero internacional mejoró; y llegó a la estabilidad actual.
Se va Malpass del Banco Mundial y Biden debe definir al sucesor
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David Malpass
De hecho, tras ese encuentro con el ministro de Economía argentino, Malpass aprobó la llegada de una nueva representante del Banco Mundial en el país; con el nombramiento de la economista Marianne Fay, que además asumió las responsabilidades de monitorear también a Paraguay y Uruguay desde Buenos Aires. Reemplazó a Jordan Schwartz, destinado a Europa del Este. Antes Fay ocupó el cargo de directora del Banco Mundial para Bolivia, Chile, Ecuador y Perú, fue también economista jefe de la Vicepresidencia de Desarrollo Sostenible del Banco Mundial para el Departamento de Cambio Climático; un tema que, públicamente, no le interesaba desarrollar a Malpass. En la Argentina la entidad tiene una cartera de 23 proyectos de inversión, operaciones con créditos comprometidos por un total de u$s8.500 millones en las áreas sociales, de infraestructura, medio ambiente y desarrollo económico. Malpass tenía garantizada su continuidad hasta el 24 de marzo del próximo año, y había llegado al cargo tras haber sido uno de los organizadores (y sponsor) de la campaña que llevó a Donald Trump a la presidencia, para ser luego subsecretario del Tesoro entre 2017 y 2019. Se ocupó desde ese cargo de representar a su país en las cumbres del G20 y de sostener las relaciones con los organismos financieros internacionales. Desde esa plataforma fue muy crítico, aportando un contenido ideológico alto. Consideró a los organismos como “intrusivos” y “atrincherados”, embistió contra los créditos bilaterales chinos y opinó que el “multilateralismo” de este tipo de instituciones ha “ido demasiado lejos”.El anuncio de su renuncia, que se hará efectiva el 30 de junio, sorprendió a los observadores de todo el mundo; ya que había desarrollado una convivencia pacífica tanto con Biden como con la comunidad internacional. Esto pese a su origen trumpista, y ciertas declaraciones originales en contra del gasto del BM en políticas como las del cambio climático. El último de estos conflictos se dio a mediados de 2022, cuando cuestionó la actividad humana como una de las causas del cambio climático. Luego se disculpó de sus dichos, ante la presión del directorio del propio banco. En cuanto al sucesor o sucesora de Malpass, se sabe aún poco. Según la tradición, los candidatos deben cumplir los siguientes requisitos: tener antecedentes comprobados de liderazgo; experiencia en el manejo de grandes organizaciones con exposición inter nacional y familiaridad con el sector público; capacidad para expresar una visión clara acerca de la misión de desarrollo del Grupo Banco Mundial; firme compromiso con la cooperación multilateral y aprecio por ella; y capacidad para la comunicación eficaz y diplomática, imparcialidad y objetividad en el cumplimiento de las responsabilidades que conlleva el cargo.



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