30 de marzo 2006 - 00:00

Adoptar la nueva tecnología ''porque se viene sí o sí''

Miguel  Laborde (arriba), director del LPC, y Roberto Marqués, deInnova-T, explicaron la importancia del invento.
Miguel Laborde (arriba), director del LPC, y Roberto Marqués, de Innova-T, explicaron la importancia del invento.
Periodista: ¿Para qué sirve este aparato que desarrolló?
Miguel Laborde: Para transformar alcohol en hidrógeno ultrapuro.

P.: ¿Que sirve para...?
M.L.: Para alimentar celdas combustibles.

P.: ¿Que a su vez sirven para...?
M.L.: Andar en auto, o en camión, o en tren, o en barco, o en lo que quiera, e incluso producir electricidad doméstica o industrial, y todo sin contaminar el mundo. Pero sin contaminarlo nada, ¿entiende? Cero emisión de carbono a la atmósfera. Cero impacto climático. Y hablo de hidrógeno renovable, fabricado en última instancia por las plantas. Las plantas fabrican carbohidratos, usted las vuelve alcohol, y el desarrollo de mi laboratorio transforma el alcohol en hidrógeno.

P.: ¿Usted desarrolló un auto a hidrógeno?
M.L.: No. Ya hay muchos de esos, y algunos ya están a la venta. Son eléctricos, porque la celda lo que produce es electricidad, como una batería. Lo que debo desarrollar ahora que tengo plata para hacerlo, es un primer prototipo de conversor para cargar el tanque de todos esos vehículos con alcohol, que es un "combustible verde", producido por las plantas. La idea es fabricar el hidrógeno a bordo del mismo vehículo.

P.: ¿Y por qué no quemar directamente el alcohol, en lugar de volverlo otra cosa? ¿No es más sencillo? La flota automotriz brasileña privada ya funciona toda a alcohol o alconafta.
M.L.: Lo mío es lo técnico. Los temas de estrategia los contesta la Fundación.

Roberto Marqués: Usted pregunta por Brasil... Probablemente de aquí a unos años, la Argentina tendrá que hacer lo mismo, cuando los usuarios se nieguen a pagar combustible a precios internacionales, o el campo vea que está perdiendo más plata en gasoil que en retenciones. Hoy, con el gasoil subsidiado, ya paga 1.600 millones de dólares por año.

P.: Entonces, ¿por qué ustedes apoyan el desarrollo de Laborde?
R.M.: Apoyamos todo proyecto lógico de biocombustible que podamos. Con el alcohol y el biodiésel en la Argentina podremos avanzar un tiempo. Pero, a la larga, hay que posicionarse con el hidrógeno, porque se viene sí o sí. Los motores de combustión interna son terriblemente ineficientes. Pueden transformar en potencia motriz apenas 30% de la energía química del combustible que sea, se trate de nafta, alconafta, alcohol, gasoil o biodiésel. Una celda combustible, en cambio, aprovecha hasta 60% de esa energía. Y el escape es totalmente limpio: vapor de agua, nada más. Y además estos vehículos son silenciosos. Y pueden ser tremendamente potentes. Tienen tanto torque que no necesitan caja de cambios. De aquí a veinte años van a desplazar a la flota automotriz a combustión interna. Lo que queremos es formar parte de ese negocio tecnológico futuro, tener patentes argentinas, de no ser sobre las plantas de potencia de esos vehículos, al menos sobre su sistema de alimentación.

P.: Parece un tema bastante estratégico. ¿No le queda un poco grande a la ciencia argentina?
R.M.: Depende de si a la larga usted quiere descapitalizarse pagando patentes, o ganar plata cobrándolas. Esto lo entienden hasta las petroleras, o al menos algunas petroleras. ENARSA apostó plata a este desarrollo de Laborde, y va a apostar más. Y creo que, dentro de un año, cuando empecemos a cosechar las primeras patentes van a aparecer más y más inversores privados.

P.: Es raro que los inversores argentinos se metan en asuntos de tecnología.
R.M.: Es verdad. Pero éste es el tipo de proyectos de energía verde que pueden financiarse con "bonos de carbono", con plata que ponen los grandes contaminadores atmosféricos europeos para que sus gobiernos no los maten a impuestos.