5 de septiembre 2008 - 00:00

Correrías sin amarras por el Río de la Plata

Correrías sin amarras por el Río de la Plata
Directivos de empresa piden que para dar una vuelta por el Delta en un crucero privado inviten a Julio Bocca o que llegan reclamando para una fiesta un menú armado, en el que los vinos de cosechas pasadas haya que pedirlos a Mendoza. Muchachos que vinieron de Australia a estudiar en Buenos Aires, viven en algún hostal de Palermo Soho o en un hotel boutique de Palermo Hollywood, y alquilan por horas un velero para salir a recorrer con amigos el Río de la Plata. Corporaciones que contratan una regata para 300 ejecutivos que nunca salieron a navegar y ahora tendrán que formar equipos y salir a competir. Turistas que desde Nueva York piden que un helicóptero los espere en Ezeiza para llevarlos directamente al yate que los llevará al Uruguay. Salidas de pareja antiestrés, en compañía de una conocida psicóloga, para sentir que las malas ondas se quedan en tierra.
Hoy el viaje por nuestras aguas ofrece un amplísimo abanico, desde el viaje claramente turístico para ver Buenos Aires desde el río, y observar ese maravilloso escenario con tangos como música de fondo (que gusta hasta a los mismos porteños), hasta integraciones empresarias para intensos coachings. Está la salida romántica para brindar con champagne a la luz de la luna, casi como si se fuera llevado por un barquero en una góndola de Venecia, y los charters planificados con programas de incentivos.
Para tener un registro de todo lo que sucede con lo que va desde el «mundo de los adictos a las velas» hasta los paseos náuticos más selectivos, el yachting cinco estrellas, Ambito del Placer dialogó con algunos de los operadores más prestigiosos y experimentados.

Enganche con la nautica

«Hasta hace un año y medio, el mundo del turismo por el Río de la Plata, de los viajes por el Delta o a Colonia, estaba evolucionando muy bien; después, en algunos segmentos, sobre todo los de nivel medio, es como que se frenó un poco», sostiene Jorge Gianolini.
A Gianolini, directivo propietario de Navegación a Vela Don Sala, si bien suele andar por el río, la gente del ambiente náutico lo califica de «viejo lobo de mar». «Don Sala» es su velero con el que ofrece paseos grupales, navegación antiestrés, ir de fin de semana a Colonia, celebrar un cumpleaños o llegar a recorrer la costa brasileña.
«Hay españoles, chilenos, me-xicanos y brasileños que nos contratan por Internet para salir a recorrer el río, y también mucha gente que viene de las provincias. Para bajar costos, me he pasado de Puerto Madero a La Plata y, salvo que me pidan especialmente partir desde la Ciudad de Buenos Aires, tengo salidas desde el Club Náutico de Berisso; esto me lleva a poder ofrecer un recorrido por el tan lindo como poco conocido Delta de La Plata», comenta Gianolini, que ofrece los precios más bajos, de 60 a 150 pesos por persona, según el tipo de salida. «Y tenemos una promoción especial, para que la gente se enganche con la náutica -se apura a señalar-: la travesía con luna llena. Dos horas de navegación a vela por el Río de la Plata a la luz de la luna. Es un viaje que gusta, que divierte, y que a veces nos da sorpresas. Nosotros repartimos sándwiches y gaseosas, pero un día apareció una pareja, un juez conocido cuya esposa es jueza, pidieron un lugar especial en el barco y al rato sacaron copas de cristal y una botella de champagne; después nos dimos cuenta de que estaban celebrando la fiesta de San Valentín. Nuestra idea siempre ha sido que los que nos elijan tengan 'un día distinto', en contacto con la naturaleza, el sol o la luna, las aguas del río y el aire puro. Y queremos también que navegar no sea de una élite, de unos pocos».

Estrategias de lujo y glamour

Si Gianolini de «Don Sala» busca escapar de lo elitista y selectivo, Match-Race Sailing Events, según confiesa su socia directiva Karina Sandor, se propone lo opuesto, dirigirse al nivel ABC1: «Proponemos cruceros a todo lujo y glamour; así, un CEO local puede agasajar a un alto dirigente que viene, por caso, de Europa. Las travesías náuticas son una alternativa diferente para desarrollar reuniones corporativas. Hoy hay un segmento que busca un servicio de lujo, no sólo en sectores empresarios, sino también en el caso del turismo premium. Dentro de este último grupo se ven estadounidenses y europeos, sobre todo alemanes».
«Un par de empresas quisieron realizar un juego competitivo entre sus ejecutivos. Fue así como en marzo pasado hicimos una regata corporativa en la que más de 95 por ciento de la gente no había navegado nunca. Eran 300 y formamos grupos de a 6 en 50 barcos. Fueron acompañados por líderes, y antes aprendieron los conceptos esenciales de qué es y cómo es navegar. Este tipo de regatas hasta hace unos años no existían aquí, se sabía que se hacían en Nueva Zelanda, Australia, Europa y Estados Unidos», se enorgullece Karina Sandor.
«El buscar ser selectivos nos ha enfrentado a tener que solucionar cuestiones inesperadas. Un empresario que pidió un conjunto de vinos tan exclusivos que no había en ninguna cava cercana, hubo que ir a buscarlo a Mendoza. Una familia norteamericana, liderada por un broker de Wall Street, había contratado un crucero de placer para viajar a Carmelo a festejar Año Nuevo, y, como sospecharon que no llegaban, nos hicieron contratarles un helicóptero del aeropuerto al barco. Les gustó tanto que pidieron hacer lo mismo de regreso».

Timoneando el futuro

«Los últimos años se ha incrementado el turismo náutico, de veleros y yates privados, en nuestro país. Pero lo que creció exponencialmente son los viajes de incentivos, las travesías corporativas, las reuniones de empresas a bordo. Hoy hay empresas que entre las actividades de visita a la filial local incluyen un coaching en veleros», exclama con profundo optimismo Jorge Rissolo, directivo de Inter-nautic Yacht & Sailing, desde su despacho en Puerto Madero. En su cartera hay alquiler de yates y veleros, embarcaciones para eventos, coaching, regatas corporativas, alquiler de veleros por hora, y hasta un club de navegación.
«Lo que hemos observado en el caso de muchos turistas es que muchos de los que alquilan veleros o yates en su país de origen son dueños de barcos. Como convierten a euros los precios, no les resultan caros», comenta Rissolo, y al pasar deja entrever que una salida en yate estará en unos 2.000 dólares por día, y una en velero, en unos 300 dólares por día. «Hay muchos jóvenes, estudiantes norteamericanos, europeos, australianos, que nos alquilan veleros para salir con amigos y, especialmente, amigas, como lo harían en su país, navegando libremente, en su propio rumbo».

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