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El costo de las indefiniciones
Mientras muchos de los costos de producción registraron incrementos, en algunos casos porque se trata de transables que siguen al mercado internacional (por ejemplo, los combustibles), en otros porque se mantuvieron dolarizados, tal la situación de varios agroquímicos, y también debido a ciertas “onquistas”sindicales de alta incidencia en los costos de las empresas, la gente del sector debe enfrentar un nuevo costo: el de la indefinición oficial para resolver conflictos (muchos de ellos generados por los propios funcionarios). Esto, sumado al desconocimiento bastante generalizado sobre la naturaleza del negocio agropecuario, ya generó pérdidas y daños de distinta magnitud. Desde la práctica paralización del comercio granario con la pesificación de principios de año, pasando por las idas y vueltas sobre las deudas comerciales y, ni hablar de las bancarias -que alteran tanto a deudores como a entidades financieras, y cuya última complicación, lejos aún de solucionarse, viene por el lado de las ejecuciones judiciales-, hasta la fuerte descapitalización de las empresas, la falta de correcciones rápidas agrega más incertidumbre aún, mientras se acumulan pérdidas y costos.
Lo concreto es que hoy empresarios, contadores o ejecutivos de empresas no saben bien a qué atenerse, qué estrategia adoptar para comprar o vender y, mucho menos, cómo liquidar sus impuestos ya que la definición de hoy se convierte en indefinición mañana. ¿Alguien acaso se anima a decir cuál puede ser el nivel final del IVA? ¿Si realmente tendrá o no cambios o si será homogéneo para todos los sectores? Parece evidente que en este contexto es casi imposible llevar adelante cualquier proyecto productivo estable, pero mucho menos aquellos en los que las inversiones se deben hacer ahora pero, en el mejor de los casos, los ingresos se darán 6-8 meses después como en la agricultura (o años más tarde, como la ganadería o la forestación), no se sabe demasiado bien cuales serán los precios de mercado en ese momento y, encima, tampoco los costos adicionales que pueden surgir en medio, ni los cambios en las reglas de juego que se van a introducir, impuestos incluidos.
Hoy el campo sigue produciendo, sigue motorizando las exportaciones, y lo va a seguir haciendo, en parte, porque no tiene flexibilidad para cambios inmediatos, de corto plazo. La pregunta es: ¿cuánto más podría producir si tuviera mejores condiciones, si las reglas fueran estables y claras, si la prioridad fuera el crecimiento económico más que la mera recaudación fiscal?


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