13 de agosto 2001 - 00:00

El viaje de los otros deportados

El viaje de los otros deportados
Vienen de El Salvador, Honduras, Nicaragua o la misma Guatemala, países todos ellos asediados por los desastres y la alta criminalidad, cada vez más pobres y, en lo que respecta a los pasajeros del autobús, cuanto más lejos estén de ellos mejor. Esperaban atravesar México y cruzar la frontera del norte norte hacia la tierra prometida. En vez de eso van en el Expreso Deportación, sin posibilidad de cambiar el destino. ¡No somos criminales! , grita Nelson Lucero Ruíz, carpintero de 37 años de Santa Ana, en El Salvador. El oficial mexicano de inmigración que viaja en la parte delantera del autobús, impávido, no dice nada.

México, cuyo Gobierno lucha por conseguir la amnistía de sus millones de ciudadanos en situación ilegal en EE.UU., se está volviendo contra sus propios inmigrantes indocumentados. Tapachula, una ciudad de 170.000 habitantes en el estado de Chiapas, a 16 kilómetros de El Carmen, alberga el cuartel general del Plan Sur contra la inmigración ilegal. La mayoría de los inmigrantes son centroamericanos que se dirigen a EE.UU. en busca de trabajo. Incluso antes del inicio de esta campaña México había aumentado las deportaciones:

93.564 durante los primeros seis meses de año, una cifra enorme en relación con la del año 2000. En un principio los deportados eran llevados hasta la frontera con Guatemala, pero ahora, gracias a un acuerdo con este país, México los traslada hasta el país desde el que partieron. O sea, como si los mexicanos deportados desde Estados Unidos a México no fueran llevados sólo hasta el río Grande, sino hasta sus aldeas de origen. A veces salen hasta 15 autobuses diarios hacia la frontera con Guatemala. Los deportados guatemaltecos deben arreglárselas por sí mismo a partir de ahí. Los demás centroamericanos suben a un autobús hacia Ciudad de Guatemala, donde un tercer autobús los llevará a sus respectivos países de origen. El Salvador acepta gente de todas partes, incluso México , se queja Ana Carolina Herrera, una salvadoreña de 27 años procedente de Usulután que espera un autobús hacia el sur. ¿Entonces por qué no podemos nosotros entrar en México? .

Los funcionarios mexicanos dicen que Estados Unidos no les ha pedido ayuda para frenar la inmigración. Pero tanto EE.UU. como México están preocupados por una posible oleada de inmigrantes centroamericanos. Los terre-motos han dejado parte del El Salvador en ruinas; Honduras está sufriendo una sequía brutal; los precios del café se han desplomado en todas partes. De hecho, otros países más sureños también están enviando a su gente hacia el norte. El 9 de julio la Armada mexicana transportó-a 210 ecuatorianos de vuelta a casa, y ya está preparando el siguiente crucero de deportación.

México nunca ha sido un camino de rosas para los inmigrantes ilegales. Marco Herazo Díaz, un granjero hondureño de 26 años, espera en la Casa del Emigrante, un refugio administrado por la Iglesia Católica en Tapachula, a que su hermana le mande dinero desde Compton (California). Herazo le dio sus últimos 50 dólares a un hombre que dijo ser un agente de inmigración. El sur de México está lleno de bandidos, muchos de ellos centroamericanos. La ruta de los inmigrantes es un cementerio sin cruces , dice el padre Flor María Rigoni, director del refugio.

Y tiene razón. Por la noche, a lo largo de la línea férrea que se dirige al norte desde Tapachula, José Pedro Tello Cuevas, jefe de operaciones de la zona sur de la unidad gubernamental de protección al inmigrante, escucha a un electricista salvadoreño de 25 años llamado Edwin Oswaldo Portillo. Portillo cuenta cómo le entregó 4.000 dólares a la policía estatal. Presente una denuncia , le dice Tello Cuevas. Pero pocos centroamericanos soñarían con llevar su caso a los tribunales. Mientras tanto la tradición de corrupción oficial continúa sin obstáculos.

Los centroamericanos conocen la reputación de México antes de cruzar la frontera. Pero eso no los detiene. En El Carmen, los funcionarios de inmigración guatemaltecos esperan el próximo autobús de deportados. No creo que esto vaya a solucionar el problema , dice uno de ellos con algo de razón. Dice que ya hay centroamericanos que están usando rutas más remotas para cruzar la frontera hacia México. Más de tres mil kilómetros al norte, los emigrantes mexicanos hacia Estados Unidos están haciendo precisamente lo mismo.

-Informes de Andrew Bounds/Ciudad de Panamá y Eugene Palumbo/San Salvador