30 de octubre 2008 - 00:00

Por el derrumbe del petróleo, se caerían la exploración y el desarrollo en la Argentina

Otros tiempos: el 2 de setiembre, el presidente Lula da Silva festejó con las manos sucias de petróleo el descubrimiento de los yacimientos presal en Brasil. Hoy, el precio del crudo ya hace muy difícil la alta inversión que se necesita para el desarrollo de esas reservas.
Otros tiempos: el 2 de setiembre, el presidente Lula da Silva festejó con las manos sucias de petróleo el descubrimiento de los yacimientos presal en Brasil. Hoy, el precio del crudo ya hace muy difícil la alta inversión que se necesita para el desarrollo de esas reservas.
La crisis financiera internacional dejó en evidencia que gran parte del aumento del precio del petróleo que se registró a partir de 2003, estuvo vinculado a movimientos especulativos de inversores que hicieron grandes negocios con los contratos a futuro.
Ahora, la salida de esos capitales que ya no consideran seguro al mercado petrolero y la recesión mundial que se anticipa, derrumbaron la cotización y los analistas no se atreven a pronosticar un piso. De momento, ni siquiera el recorte de la producción dispuesto de urgencia por la OPEP, pudo frenar el descenso provocado por la baja de la demanda y las perspectivas negativas sobre su futuro.
La caída del precio del petróleo afectó en la misma proporción, y en algunos casos más, a las acciones de las grandes petroleras privadas internacionales, lo que da lugar a todo tipo de especulaciones sobre fusiones, compras y ofertas hostiles, que llevarían a una mayor concentración de la industria privada a nivel mundial.
La Argentina se verá perjudicada por esta situación por varios costados, por lo que resulta una mirada de muy corto alcance pensar en el presunto beneficio de que bajarán los subsidios a las importaciones de energía.
Con un precio bajo del petróleo, la exploración en nuestro país seguirá desactivada porque el riesgo geológico es alto a muy alto en lo queda por estudiar ya sea en el territorio (la cuenca chacoparanaense tantas veces postergada) y en el mar.
A la falta de certeza sobre las reservas, se suma que no todo el petróleo y el gas es comercializable (esto es, que vale la pena extraerlo porque dejará ganancia razonable) cuando el precio baja.
En esas condiciones se encontraría también el gas no convencional o «tigh sand» que se encuentra en Neuquén en depósitos de arena compacta. Aunque ese gas tiene asegurado precio libre por el gobierno, las empresas interesadas como YPF, Pan American y Apache, todavía no determinaron su comercialidad, ni fijaron el valor al que podría venderse en caso de que decidan continuar con los estudios.
El panorama es en realidad, aun más complicado. En forma reservada, en algunas empresas se empiezan a cuestionar ya nuevos desarrollos de reservas ya encontradas. Afirman que en la Argentina coinciden varios factores para desestimular la actividad.
En primer lugar, indican, el precio está prácticamente congelado desde agosto de 2004, cuando el ex ministro Roberto Lavagna fijó las retenciones a las exportaciones en 45%, poniendo al mismo tiempo un techo al crudo que se vende en el mercado local.
«El saldo de percepción para las petroleras es muy bajo», dijo un analista del sector. «Al precio de 47 dólares para los crudos livianos y de 42 para los pesados que queda después de las retenciones, hay que restarle todavía las regalías a las provincias, mientras desde 2004 los equipos, los insumos y hasta los salarios crecieron fuertemente en dólares».
A esto se sumaría la falta de financiamiento por ser país emergente y la Argentina en particular, a lo que se agregaría ahora también la imposibilidad de acceder a los recursos de las AFJP (ver aparte).
Por otra parte, cuando los precios internacionales bajan y la demanda se retrae, las empresas tienen menos posibilidades de presionar contra las regulaciones del gobierno. Se vio con el último aumento de combustibles al público, que, aunque los precios todavía están rezagados con relación a los países limítrofes, provocó la sensación de que mientras en el mundo bajan las naftas, aquí suben.
Hay incluso áreas en la Argentina, como las ubicadas en el golfo de San Jorge, donde a las petroleras no les conviene extraer si el precio cae demasiado.

ANTECEDENTES

Estas circunstancias no son exclusivas de nuestro país, pero acá tienen particular relevancia, considerando la caída de la producción de petróleo y gas de los últimos ocho años, y la posibilidad de que falte crudo liviano para cubrir las necesidades de las refinerías ya instaladas, si siguen operando al tope de la capacidad instalada.
En sentido opuesto, Brasil ya llegó al autoabastecimiento y le quedan importantes reservas para desarrollar, aunque la caída de la cotización internacional permite suponer que por ahora deberá dejar entre paréntesis, los yacimientos presal encontrados en el mar en el último año, precisamente porque tienen un costo tan alto de extracción que hoy no serían comercializables.
Lo mismo le ocurre a Venezuela con las reservas de crudo muy pesado en la faja del Orinoco. Sólo se justifica extraer esas reservas si el precio internacional cubre el costoso proceso de restarle azufre para que se puedan producir combustibles.
Hasta algunos países de la OPEP dijeron en estos días que se van a retrasar nuevos proyectos. En parte, en esas naciones, luego de la formación de las grandes petroleras nacionales en la década del 80, hay un mejoramiento del nivel de vida y de los salarios que también influyen en los costos de la actividad. La Argentina, más que en los últimos años, debería apoyarse ahora en el gas de Bolivia. En ese país, las reservas están descubiertas y el costo de extracción, por las características geológicas de los yacimientos es bajo.
Sin embargo, es difícil que ahora una petrolera internacional renueve los proyectos de inversión, porque a la crisis financiera internacional, se suma la vulnerabilidad política de Bolivia y las aspiraciones de obtener fuertes ganancias de los jefes de los departamentos donde se encuentran las reservas.

FUTURO YPF

A este cuadro se agrega la incertidumbre sobre el futuro de YPF. La española Repsol, que sigue siendo la principal accionista de la petrolera local, es de las que más perdió en los últimos seis meses en lo que se refiere a su capitalización bursátil. Al cierre de esta edición, el valor de Repsol se ubica en torno a 20.500 millones de dólares, mientras a principios de este año, sólo YPF fue valuada en 15.000 millones.
La baja valuación bursátil de Repsol la convierte en presa fácil para una oferta hostil, lo que, si sucede, abriría nuevos interrogantes sobre el futuro de YPF.
En suma, una situación compleja e inesperada se está empezando a abrir para la actividad petrolera en la Argentina y también para otras iniciativas que buscan lograr que el país esté autoabastecido en materia energética.
Sin créditos internacionales, con Brasil como principal socio externo en una situación muy delicada, no es fácil pensar en la construcción de las represas hidroeléctricas que exigen un gran desembolso de capital y tardan por lo menos cinco años en empezar a generar. Es el caso de la binacional Garabí con Brasil, y también de las represas de Mendoza o de Santa Cruz para las cuales figuran los primeros desembolsos en el Presupuesto de 2009.

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