5 de enero 2001 - 00:00

"Sed de mal" mostró que reponer clásicos puede ser negocio

Sed de mal mostró que reponer clásicos puede ser negocio
Desde hace años en todo el mundo hay una valoración creciente por el cine clásico restaurado a su mejor nivel técnico posible, por lo que desde «A Hard Day's Night» de Richard Lester con los Beatles (cuyo reestreno en nuestro país se anuncia para el próximo 8 de febrero) a «El Cid» de Anthony Mann y «Vértigo» y «La ventana indiscreta» de Hitchcock, se cuentan ya por docenas los films antiguos que se pueden volver a ver en un multiplex.

Sin embargo, a los cines argentinos no había llegado ninguna de estas nuevas versiones de films clásicos, hasta que el 23 de noviembre se empezó a exhibir
«Sed de mal» de Orson Welles y permaneció varias semanas en cartel. Es decir, a esta altura todos quienes le negaron al público argentino la posibilidad de ver en pantalla grande algunas de las películas mencionadas más arriba no pueden negar que una película en blanco y negro de 1958 funcionó mejor comercialmente que buena parte de los muchos films nuevos estrenados a lo largo de 2000 (y que en muchos casos ni siquiera tenían el más mínimo interés desde un punto de vista artístico).

Por eso es interesante conocer quién tuvo la buena idea de cortar esta mala racha en cuanto al reestreno de cine clásico y se atrevió a comprar los derechos de
«Sed de mal» para la Argentina (y, como se hace generalmente, también para Chile y Uruguay). La distribuidora se llama Mundos de Cine, y es una de las firmas del rubro más reciente del negocio del cine local, al punto que este reestreno fue su segundo film, luego de la producción independiente «Pi», estrenada a principio del año pasado.

«La experiencia de 'Pi' fue muy buena»
explica el hombre detrás de Mundos de Cine, Luis Pérez Endara. En su último informe sobre el show business argentino, la agencia Nielsen destaca que una película chica como «Pi» tuvo un rendimiento por sala igual o mayor que los grandes «tanques». Por ejemplo, en el fin de semana de su estreno «Pi» hizo más espectadores por sala que «Sexto Sentido».

Periodista: «Pi» es una película blanco y negro, pero en el caso de «Sed de mal» es un film de hace 40 años. ¿Este detalle le trajo inconvenientes con los exhibidores?

Luis Pérez Endara:
No, porque «Pi» fue una prueba a mi favor. Era algo raro y claramente anduvo muy bien. Me miraron con la misma cara de «el mismo pibe viene con otra cosa rara», pero como la cosa rara anterior fue un éxito, pude elegir qué salas me interesaban más dentro de las posibilidades de una película como ésta.

P.: ¿Es más económico comercializar un film clásico que uno moderno?


L.P.E.:
Seguro que los derechos son más baratos que un film moderno «grande». Pero a mí «Sed de mal» me resultó no sólo más caro sino también más complicado que «Pi», que era una película independiente. Lo que pasa es que la Universal no deja que el internegativo salga del laboratorio del estudio, y eso aumenta mucho los costos por copia. Además se me complicó mucho todo lo que tenía que ver con el arte para los afiches y fotos. El colmo fue cuando tuve que comprarme un trailer publicitario en 35 milímetros debido a que no había una sola foto de Marlene Dietrich para poner en afiches. Compré el trailer sólo para quitar el fotograma con Marlene y mandarlo a copiar. Ahora, volviendo al tema de los costos, si el film clásico en cuestión es de un estudio independiente, el tema del manejo de los internegativos, y todo lo demás, se puede negociar.

P.: ¿Los derechos para el reestreno en la Argentina se los compró directamente a la Universal?


L.P.E:
No, Universal no está interesada en la explotación comercial de «Sed de mal», es como un negocio muy chico para el estudio. En los Estados Unidos esta nueva versión restaurada de «Sed de mal» se hizo en principio solamente para su lanzamiento en DVD, pero luego los responsables se entusiasmaron con el trabajo que habían realizado, y también ante la respuesta del público, y entonces October Films tomó los derechos para su exhibición en las salas norteamericanas. Pero October no tenía los derechos para el territorio extranjero, sino otra empresa, Hollywood Classics, dedicada exclusivamente a las películas clásicas.

P.: En las funciones de «Sed de mal» se percibió una presencia mayor de gente joven que de personas que, por su edad, podrían conocer más los actores o la película.


L.P.E.:
Bueno, hicimos estrategias de marketing destinadas a ese sector, como organizar en discos o bares el happy hour «Sed de mal» con tragos y habanos de regalo. Pero creo que también va gente mayor, que obviamente conoce bien quién es Orson Welles y todos los actores del film. Creo que tal vez el sector de público que descuidé un poco fue el de gente de mediana edad, que quizás no tiene la curiosidad de los más jóvenes por redescubrir un clásico.

P.: ¿Pudo ver la reacción de algún espectador desprevenido si los hubo?


L.P.E.:
Creo que no hubo muchos casos así, porque la película tuvo mucha prensa, y en las salas había afiches que definían claramente el tipo de película. Pero yo hablé con un grupo de espectadores que la vieron sin tener la menor idea de lo que era «Sed de mal», y estaban muy sorprendidos y contentos de haberla visto. Les pareció muy actual.

P.: ¿Cuáles son los planes de Mundos de Cine para el 2001?


M.P.E.:
La idea es seguir reestrenando clásicos, en algunos casos también películas no tan antiguas que en su momento no se vieron en los cines argentinos. Quiero acercarme al momento del estreno de «El Señor de los Anillos» de Peter Jackson para dar una película de él que no tuvo estreno local, la comedia negra que parodia a los Muppets «Meet the Feebles». Y aún no sé qué títulos podría estrenar porque sigo ocupándome de «Sed de mal», que durante su estreno fue la segunda película en cantidad de espectadores por sala después de «Fin de semana de locos». Hay películas que me interesaría reestrenar, y algunos títulos que puedo adelantar son «Badlands» de Terence Malick, con Martin Sheen y Sissy Spacek, «Force of Evil» de Abraham Polonsky con John arfield, y sobre todo «Peeping Tom» de Michael Powell

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