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A medida que los ciberataques se vuelven más sofisticados y frecuentes, las organizaciones necesitarán cada vez más ejecutivos que comprendan tanto el lenguaje de la tecnología como el del negocio.
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La ciberseguridad siempre fue considerada una responsabilidad exclusiva de los equipos técnicos. Mientras los directorios discutían estrategia, crecimiento o expansión, la protección de sistemas y datos quedaba relegada a áreas especializadas. Sin embargo, la realidad actual demuestra que esa división ya no existe. Hoy, la ciberseguridad es un tema de negocio.
Según el informe 2026 Cyber Security Report, los ciberataques semanales por organización crecieron un 13% en América Latina durante 2025. La región es un objetivo cada vez más atractivo, mientras las empresas aceleran sus procesos de digitalización y aumentan su dependencia de plataformas y datos.
Las consecuencias de un incidente implican mucho más que una interrupción operativa. Un ataque de ransomware puede detener una compañía durante días, comprometer información sensible de clientes, afectar la continuidad del negocio y generar pérdidas económicas millonarias. En muchos casos, también puede derivar en sanciones regulatorias y en un daño reputacional difícil de revertir. Por eso, la pregunta que las organizaciones deberían hacerse ya no es si cuentan con herramientas de seguridad suficientes, sino si tienen líderes preparados para tomar decisiones cuando ocurre una crisis.
En 2021, la empresa brasileña JBS, una de las mayores compañías de alimentos del mundo, sufrió un ataque de ransomware que afectó operaciones en distintos países. Frente a la crisis, la organización no solo tuvo que contener técnicamente el incidente, sino también tomar decisiones estratégicas para garantizar la continuidad de sus operaciones, proteger a sus clientes y minimizar el impacto en la cadena de suministro. La propia compañía reconoció que la decisión de pagar un rescate de 11 millones de dólares fue tomada para evitar riesgos adicionales para sus clientes y operaciones.
La diferencia entre una empresa que logra contener un incidente y otra que no suele estar en la capacidad de decisión de sus ejecutivos. Cuando un ataque ocurre, las preguntas van más allá del aspecto técnico. ¿Se interrumpe una operación crítica para evitar una propagación? ¿Cómo se comunica el incidente a clientes e inversores? ¿Qué riesgos regulatorios enfrenta la organización? ¿Qué impacto puede tener en la marca? Responder estas preguntas requiere conocimiento técnico y una visión estratégica.
En este contexto, los perfiles especializados en ciberseguridad comenzaron a ocupar un lugar cada vez más relevante dentro de las organizaciones. Las empresas necesitan líderes capaces de traducir riesgos tecnológicos en decisiones de negocio, conectar la seguridad con los objetivos corporativos y anticipar escenarios antes de que se conviertan en crisis.
La creciente demanda de Chief Information Security Officers (CISO) y otros roles de liderazgo en seguridad es una muestra de este cambio. Lo que antes era una función de soporte hoy se transformó en una posición que participa activamente en la definición del rumbo de las organizaciones.
Su trabajo tiene un impacto directo en la capacidad de las empresas para prevenir ataques, proteger sistemas críticos y reducir riesgos. No obstante, los beneficios van mucho más allá. Una estrategia sólida de ciberseguridad ayuda a disminuir los costos asociados a incidentes, evita sanciones por incumplimientos normativos y fortalece la resiliencia operativa frente a un entorno cada vez más complejo.
Además, existe un factor que muchas veces se subestima: la confianza. Los consumidores son cada vez más conscientes del valor de sus datos personales y esperan que las organizaciones los protejan adecuadamente. Una filtración de información puede erosionar en cuestión de días la reputación construida durante años. En cambio, demostrar un compromiso serio con la protección de la información se ha convertido en una ventaja competitiva.
La ciberseguridad influye directamente en la percepción que clientes, inversores y socios comerciales tienen de una compañía. En mercados altamente competitivos, contar con una estrategia robusta de protección de datos es una señal de profesionalismo, responsabilidad y madurez empresarial.
A medida que los ciberataques se vuelven más sofisticados y frecuentes, las organizaciones necesitarán cada vez más ejecutivos que comprendan tanto el lenguaje de la tecnología como el del negocio. La seguridad ya no depende únicamente de firewalls, software o protocolos. Depende de personas capaces de tomar decisiones informadas en los momentos más críticos.
Managing Director de Stanton Chase