28 de enero 2015 - 22:07
Cuando los videojuegos se vuelven modernas piezas de museo
La exposición presenta las consolas de videojuegos más relevantes en la historia de esa industria. Además aporta un ingrediente clave: la participación del público. De los juegos disponibles el anfitrión es un Super Mario Bros. cuyo control simula el original, pero que por sus enormes dimensiones obliga a que dos personas tengan que manipularlo.
La curaduría estuvo a cargo de Diego Macchi, un antropólogo que concibe a los videojuegos y sus soportes físicos como "medio de expresión y objetos culturales de nuestra sociedad". El experto dispuso las consolas en vitrinas junto a una explicación de la historia de cada una. Así, esos artículos modernos de consumo masivo se resignifican y adquieren entidad de piezas de museo. Su importancia en la cultura del entretenimiento de nuestra sociedad está más allá de toda duda.
"La venta de videojuegos en todas sus vertientes combinadas logran ganancias mayores que la industria cinematográfica", ejemplifica Macchi sobre el impacto económico de esta industria y su masificación. Evidencia de esto es que en septiembre pasado el polémico GTA V se convirtió en la propiedad intelectual de entretenimiento que más rápido recaudó u$s 1.000 millones, superando a films de Hollywood como "Avatar" y "The Avengers". El curador también advirtió sobre un nuevo escenario de los últimos años: "Los juegos para plataformas móviles, llámese tablets o smartphones, venden más que las consolas".
La abultada recaudación va de la mano de una popularidad en ascenso que abarató el precio de los dispositivos y se cimentó en la diversificación de la oferta. Hace tiempo los videojuegos apuntan a todas las franjas etarias y a ambos sexos. Ya no son sólo juegos para niños. Las temáticas adultas, oscuras y complejas abundan entre los productos más exitosos.
Además de las consolas exhibidas, el público puede jugar con 14 de ellas a través de unos controles similares a los de arcade dando a los más añosos la sensación de volver a estar en los "fichines" de la Costa Atlántica. El efecto se intensifica con la semi penumbra necesaria para el contraste de las imágenes. A los más jóvenes esa atmósfera les revive el secretismo de una partida grupal en un "ciber" y la cofradía de madrugadas compartidas con amigos para vencer un nivel difícil o competir en un deporte virtual.
El espacio invita a interactuar, a jugar con los clásicos de ayer y hoy. Es un ámbito en el que los padres pueden enseñar a sus hijos a manipular esas creaciones de gráficos simples pero jugabilidad incomparable. Los chicos, a su vez, pueden compartir su sabiduría en el uso de los comandos más tecnológicos de los videojuegos de moda.
En la complicidad de aquellas salas las consolas rodean y vigilan. Son reliquias con aires de un pasado milenario que se cuela por la bruma del recuerdo de la infancia de los visitantes. Los que fueron niños junto con los que ahora lo son comparten un obligado viaje a la nostalgia al ver esos aparatos mágicos de diversión infinita con los que pasaron tanto tiempo. Los mayores disfrutaron de algunos de ellos hace décadas y los menores, tal vez, jugaron con algunos otros hace menos de un lustro. Para ambos una cascada de memorias vuelven a la vida desde el pasado.
La muestra puede visitarse hasta el 30 de mayo de lunes a sábados de 14 a 20:30 en Arenales 1540. Entrada libre y gratuita.



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