El desarrollo impulsado por Elon Musk busca llevar la conectividad espacial a nivel global. El ecosistema de las telecomunicaciones podría atravesar una de sus transformaciones más profundas con el avance del denominado Starlink Phone.
Conexión móvil fuera del alcance de las redes terrestres: un dispositivo que funcionaría conectado al espacio de manera autónoma.
La eventual llegada del Starlink Phone acentuaría la competencia con Claro, Movistar y Personal, con efectos posibles sobre precios, cobertura y alianzas estratégicas.
El desarrollo impulsado por Elon Musk busca llevar la conectividad espacial a nivel global. El ecosistema de las telecomunicaciones podría atravesar una de sus transformaciones más profundas con el avance del denominado Starlink Phone.
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El proyecto apunta a un teléfono móvil capaz de conectarse de manera directa a satélites en órbita baja, sin depender de antenas ni torres celulares. La iniciativa se apoya en la evolución de la tecnología “direct to cell”, que SpaceX ya prueba en Estados Unidos, y plantea un desafío simultáneo para fabricantes tradicionales y compañías de telefonía.
Desde el plano estratégico, la propuesta implica un giro relevante. Starlink dejaría de posicionarse únicamente como proveedor de infraestructura para avanzar sobre el dispositivo final, un movimiento que redefine su rol dentro de la cadena de valor. El foco está puesto en las denominadas “zonas muertas”, donde la inversión en redes terrestres no resulta rentable.
La arquitectura técnica del Starlink Phone fue concebida para priorizar cobertura y autonomía. El dispositivo estaría diseñado para operar con la constelación de satélites Starlink V3, ubicados a unos 550 kilómetros de la superficie terrestre, lo que reduce la latencia frente a satélites geoestacionarios. Las especificaciones previstas incluyen:
Comunicación nativa con satélites sin intermediación de redes terrestres.
Uso del estándar LTE/4G para que el teléfono interprete al satélite como una torre celular orbital.
En una primera fase, mensajería de texto y transmisión limitada de datos, con proyección hacia voz y navegación completa.
Componente clave para captar señales débiles desde órbita baja y compensar el efecto Doppler.
Rendimiento equiparable a redes 3G y 4G, suficiente para comunicaciones esenciales.
Integración de IA de bajo consumo energético, orientada a la gestión eficiente de red y batería.
En términos de posicionamiento, el precio estimado del equipo rondaría los US$ 300, en línea con el costo del hardware básico de Starlink para Internet fijo.
El calendario de salida al mercado permanece sujeto a definiciones regulatorias. Las pruebas comerciales de “direct to cell” ya funcionan en Estados Unidos mediante un acuerdo con T-Mobile, bajo un esquema de suscripción de US$ 10 mensuales. La expansión internacional se proyecta entre 2026 y 2027, dependiendo de la aprobación para el uso de espectro radioeléctrico en cada país.
En la Argentina, el impacto potencial es significativo. Starlink ya supera los 490.000 accesos satelitales activos, impulsados por la desregulación del mercado y la demanda en zonas rurales y productivas. Sectores como minería, energía y agro aparecen entre los principales usuarios.
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