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Una pesadilla con el toque de Rusia

El terror ruso moderno a veces da sorpresas. Aun en el caso de una opera prima de bajísimo costo de la que no se sabe casi nada, salvo que uno de los productores cosechó el éxito de taquilla internacional “The Bride”, que está a punto de tener su remake angloparlante. Esta “Pesadilla…” rusa tiene ideas notables, empezando por su premisa sobre un instituto de somnología experimental que estudia los efectos benéficos del “sueño lucido cooperativo”. Lo de la lucidez implica que el durmiente sabe que está soñando, y lo de la cooperativa se refiere a una especie de terapia de grupo onírica, donde varios pacientes aportan supuestas buenas energías al sueño colectivo. Claro, todo puede fallar, sobre todo si la trama sublima los traumas del pasado soviético y los horrores de las modernas redes sociales.

El instituto en cuestión tiene guiños a las instituciones científicas del primer y mejor David Cronenberg, y a favor de “Rassvet” hay que decir que de la hora y media larga de proyección, una hora es puramente onírica. Además, hay notables momentos visuales, una banda de sonido de vanguardia, y una dirección de arte llena de hallazgos a pesar del presupuesto restringido aun para los del cine de terror ruso. Y el guión da lugar a climas cuasi metafísicos que recuerdan la mejor tradición de la ciencia ficción de Europa del Este. Por eso, a pesar de lo desparejo del elenco y de un par de subtramas poco pertinentes, esta pesadilla rusa bien vale.

D.C.

“Pesadilla al amanecer” (“Rassvet”, Rusia, 2019). Dir.: P. Sidorov. Int.: A. Molochnikov, A. Drozdova.

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