Economía

Ya hay ejercicios de reperfilamiento amigable y caso por caso de la deuda

Default y quita están descartados. Pero el mercado aún descree y los bonos siguen muy castigados. Dato clave: la renovación de Letras esta semana.

Es probable que en la relativa calma cambiaria de los últimos 5 días de mercado, en los que el Banco Nación mantuvo clavado al dólar en $57 en sus pizarras, haya colaborado la buena reunión que mantuvieron el ministro de Hacienda, Hernán Lacunza, con técnicos de la oposición. Y más concretamente, con los enviados de la fórmula que más votos sacó en las PASO: Guillermo Nielsen y Cecilia Todesca.

Hubo un acuerdo no escrito por el cual se les compartirá información relativa a la marcha de variables clave para la toma de decisiones: entre otras, el estado de la caja en pesos del Tesoro, la evolución de las reservas disponibles en el Banco Central y la renovación de Letras en moneda local y en dólares en relación con los vencimientos.

Esos datos resultarán decisivos para determinar si, en caso de repetir los resultados de las urnas del 11 de agosto, un gobierno del Frente de Todos tendrá capacidad de pago para hacer frente a los compromisos de la deuda a partir de diciembre.

La voluntad de pago es incuestionable, pero en la práctica dependerá de la disponibilidad de recursos. Lo que también es un dato es que una eventual presidencia de Alberto Fernández descarta de plano un incumplimiento. “El default no es una salida”, aseguran tanto el candidato como en su entorno de asesores económicos.

Por eso, la palabra que más se escucha hoy en relación con la deuda es “reperfilamiento”. Todos, oficialismo y la oposición más votada insisten, donde tienen ocasión, en que la deuda argentina es sustentable. Alberto Fernández subrayó especialmente que un eventual gobierno suyo respetará los compromisos asumidos por el país.

Se evita usar el término “reestructuración”. Tal vez porque el otro, derivado del inglés reprofiling, suena menos dramático. Probablemente sea sólo una cuestión semántica. Al menos así pareció entenderlo la extitular del Fondo Monetario Internacional Christine Lagarde cuando en medio de la crisis de la deuda griega y antes de conceder el segundo rescate financiero a ese país, junto al Banco Central Europeo y la Comisión Europea, dijo: “Pónganle el nombre que más les guste, pero sepan que lo que definitivamente no queremos es oír hablar de un default”.

En realidad, sí hay diferencias. Porque una reestructuración voluntaria implica alguna de estas 3 alternativas, o una mezcla de ellas, en diferentes proporciones: una quita de capital, la modificación de la tasa de interés y la extensión de los plazos originales. Un reperfilamiento, por lo general, hace referencia al aplazamiento de los compromisos, sin recurrir a una poda en el capital. Lograr más plazo, de manera de poder cumplir. Lo que tienen en común es que se llega a cualquiera de esas variantes cuando un gobierno enfrenta un problema de solvencia que complica el pago de capital y/o intereses de acuerdo con el esquema original.

Hoy los técnicos cercanos a Fernández hacen cuentas bajo la monolítica premisa de que se respetarán los compromisos. Es decir, el punto de partida para cualquier hipótesis es que la voluntad de pago es absoluta. Lo que haga dependerá de que exista capacidad de pago. Y esto último dependerá de cómo lleguen los números a diciembre.

Esto explica la obsesión de los técnicos en seguir de cerca los datos de caja, reservas y la renovación de las Letras en pesos y en dólares. Esta semana habrá un test: la Secretaría de Financiamiento licitará entre mañana y el miércoles Letes por u$s1.000 millones y Lecap, por $60.000 millones, para liquidar el viernes, día en que operan vencimientos de ambos papeles por u$s1.550 millones y $52.080 millones, respectivamente. Dos datos sugestivos: 1) la reducción de los plazos. En esta subasta, la colocación de Lecap es a 35 días, y en Letes las adjudicaciones se repartirán entre un vencimiento el 4 de octubre y otro el 17 de enero de 2020. 2) las Letes cortas sólo se podrán pagar en dólares, mientras que para las de enero se admite, por primera vez, la suscripción en pesos.

Se advierte cierta prudencia en el área que conduce Santiago Bausili, ya que en el mercado se manejan hipótesis de una muy baja tasa de renovación. Aseguran que entre inversores privados virtualmente no hubo interesados y que las provincias cuentan con este vencimiento para hacer frente a sus obligaciones. El único rollover descontado es el de organismos oficiales, como el Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) de la Anses.

El resultado de la subasta también interesa a la misión del FMI que llegó el sábado a Buenos Aires y hoy tiene previsto reunirse con los técnicos de Fernández. Además de los números fiscales y la actualización del programa financiero que analizaron durante el fin de semana en el Palacio de Hacienda, otro dato a observar es el sentimiento inversor hacia la deuda del país.

No es algo baladí. Que la misión del Fondo se vuelva a Washington convencida resulta crucial para cualquiera de los candidatos. De esa convicción respecto del futuro cercano depende el desembolso del siguiente tramo del crédito, por u$s5.400 millones, originalmente previsto para mediados de septiembre.

Quizás también influirá en la disposición para convertir el programa stand by en un acuerdo de facilidades ampliadas (EFF, Extended Fund Facility). Es algo necesario y además conveniente, sea cual fuere el signo del próximo gobierno, ya que pasa de 4 a 10 años, con un período de gracia, el perfil de repago, de modo que despeja el horizonte financiero desde el año próximo. Claro que el FMI exigirá reformas estructurales (laboral, impositiva y previsional), cuya sanción y puesta en marcha nadie, hoy por hoy, está en condiciones de garantizar.

Otro tema que seguirán de cerca los economistas de Fernández es el de las Letras de Liquidez del Banco Central (Leliq), cuyo stock actualmente asciende a 1,29 billones de pesos y crecen a un ritmo de 74,98% anual. Es el equivalente a 23.500 millones de dólares. Se desconoce cómo se resolverá, pero habrían enfatizado la necesidad de que lo haga la actual administración. No quieren encontrar un campo minado si en octubre vuelven a repetir los porcentajes de agosto y la elección se definiera en esa instancia.

En tal caso, quizás esa misma semana posterior a las elecciones, está previsto viajar a Nueva York y Washington para reunirse con banqueros, fondos de inversión y funcionarios del Gobierno estadounidense y de los organismos multilaterales.

Por ahora, hay más incógnitas que certezas. Por eso se están barajando hipótesis de reperfilamiento para la deuda soberana. Poco es lo que se sabe de esos ejercicios. “Todavía no hay nada”, dicen algunos de los especialistas que trabajan en la cercanía de Alberto. Pero lo que hasta ahora trascendió no es banal: 1) el default no es una posibilidad, siquiera remota; 2) en caso de tener que reperfilar, se tratará cada título en forma individual; 3) no habrá quita de capital; 4) cualquier acción será acordada con los acreedores.

Son definiciones que de alguna manera deberían haber llevado tranquilidad a los inversores. Sin embargo, no parecen haber despertado credibilidad. Todavía hay voces disonantes entre la oposición como para que se admita como válido este horizonte de mayor sensatez que apenas comenzó a germinar.

Esto se ve en los precios de los bonos en dólares, que el viernes volvieron a ser castigados y terminaron la semana con caídas de hasta 17%. Gustavo Neffa, director de FinGurú, explicó la razón vía Twitter: como los bonos con jurisdicción argentina no tienen cláusulas de “cross default” ni “class action”, su eventual incumplimiento no afectaría al resto de los títulos, que continuarían bajo la categoría de “performing”, es decir, sin trabas para pagar normalmente cupones de renta y amortización.

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