12 de marzo 2004 - 00:00

Acto central, lo mejor de Vendimia

Precisamente fue esa comunión uno de los momentos más conmovedores del espectáculo «Vendimia de Nuevos Soles», que contó con la actuación de 600 personas en escena y 400 detrás del escenario, entre técnicos y asistentes. El resto del acto central de la celebración -que se realizó el pasado sábado-fue, como cada año, impecable. Tuvo un sonido perfecto; creatividad en iluminación, vestuario y escenografía; una puesta en escena magnífica y un final de fiesta con la elección de la reina y el infaltable show de fuegos artificiales, que paralizó a las 30 mil personas presentes.
Pero para quienes llevamos varios años presenciando esta fiesta nos queda -como a muchos mendocinos-la sensación de que hay costados por renovar. Por ejemplo, nos preguntamos si las 300 mil personas que se reunieron en la calles de la ciudad merecen un desfile de carrozas tan pobre, cuya calidad incluso decae año tras año.
Los funcionarios municipales
alegan que tienen escaso presupuesto para apoyar la construcción de la carroza de su ciudad, mientras que los mendocinos en general acusan a los bodegueros. «Lo único que les importa es exportar; salvo dos o tres bodegas, no ponen un peso, a pesar de que la vendimia es una fiesta de ellos», se quejan. Vale recordar que años atrás había, por caso, carrozas construidas totalmente con botellas, muy creativas y de excelente calidad. Es importante que los desfiles se renueven cada año, para mostrar a mendocinos y al turismo internacional algo nuevo y diferente, y lograr que sea más atractivo el paso de las reinas.
Con respecto a la organización del gobierno mendocino, fue impecable. Hay que reconocer que no es tarea fácil movilizar tanta gente. Un ejército de colaboradores se ocupó durante tres días de embajadores, funcionarios, empresarios y periodistas nacionales e internacionales. Por su parte, los hoteles aportaron lo suyo. El Hyatt brindó un excelente buffet durante la recepción a las reinas, pero insólitamente se quedaron sin champagne en la mitad de la velada. Curiosamente, en la tierra del vino.

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