10 de julio 2008 - 00:00
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Juan Grundy: Su caída y eventual profundización a futuro es, en realidad, el ingrediente que faltaba para generar un proceso de desindustrialización, a partir del cual será muy difícil abastecer el mercado interno y a la vez los mercados del exterior, como seguramente vamos a ver. Además, desde hace dos años el déficit comercial del sector metalmecánico por el ingreso de productos del exterior creció, y seguramente la caída de la cotización del dólar incrementará ese déficit, pues ha de convenir más importar que abastecerse de la producción nacional; ello implica menos generación de empleo genuino, cuando no mayor desocupación.
J.G.: A título personal, creo que es poco serio para el desarrollo de la economía de un país hacer depender «un plan industrial» del nivel del tipo de cambio. Es necesario considerar una multiplicidad de variables relevantes que conformen una política industrial explícita, que es lo que en realidad no ha existido para ningún sector de la economía. Históricamente, cada vez que se tocó el tipo de cambio se incrementó el uso de la capacidad instalada, creció un poco la producción y luego la inflación licuó la competitividad y en poco tiempo quedamos nuevamente en una posición comprometida. En un país con visión de futuro se debe planificar para generar inversión genuina, con mayor producción cubrir la demanda del mercado para contener la inflación con mayor oferta, y excedentes exportables que operen como fuente de divisas. Para ello debe haber política industrial, incentivos a la inversión, reglas de juego claras y estables.
J.G.: Es que con carencia de inversiones y menor competitividad volveremos al achicamiento de las empresas para subsistir y a un mercado externo difícil para competir. Ello significa disminuir la ocupación y reducir el nivel de actividad. Los números muestran récords de crecimiento, a tasas chinas en producción de automotores, pero basado en la importación de autopartes. Acá juegan el crédito como insumo estratégico, la confianza, la perspectiva de futuro con estabilidad y seguridad jurídica. Son, en realidad, las asignaturas pendientes sobre las que los poderes ejecutivos y legislativos, tanto nacionales como provinciales, deberán acentuar el esfuerzo para poder definir un país ordenado y en serio.




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