En medio de un profundo hermetismo, voceros del Ejecutivo provincial, en cambio, ayer se limitaron a hablar de «un cuadro febril» que lo mantiene en un estado de salud «estacionario». Un escueto comunicado informó que «el cuadro febril que presentaba el funcionario se prolongó más de lo adecuado, por lo que los facultativos que lo atienden decidieron trasladarlo a la Ciudad de Buenos Aires» el pasado viernes (en vuelo sanitario), «a fin de realizarle un chequeo general». También afirmaron que el tiempo de internación de Sancho -que se encuentra acompañado por su médico personal- «se extenderá por el término de 4 o 5 días». Según fuentes de la Clínica Bazterrica, el mandatario ayer seguía en terapia intensiva, «no porque se encuentre en estado de gravedad, sino por la necesidad de estabilizarlo y proporcionarle suero». Sin embargo, desde Santa Cruz, fuentes extraoficiales negaron que se trate de una afección hepática y hablaron de una fuerte gripe virósica -con síntomas desde el 20 de junio- que habría derivado en una «septicemia generalizada» y que se habría complicado por la medicación suministrada. Previsiblemente, la escasa información oficial generó una ola de rumores, con versiones incluso sobre un meditado paso al costado «decoroso» de Sancho, a instancias de Néstor Kirchner, para cederle el lugar a la vicepresidenta primera de la Cámara de Diputados, Judith Forstmann.
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