14 de septiembre 2007 - 00:00
El saldo de un segmento clave
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En Córdoba se dio una situación particular y sorpresiva. Los operadores K encabezados por el secretario de Transporte, Ricardo Jaime, dieron el visto bueno a una forzada sociedad con José Manuel de la Sota, la cual estuvo pensada para intentar asegurarse un positivo golpe de efecto el mismo día -2 de setiembre- en que el oficialismo preveía una derrota en Santa Fe. Pero el tiro salió por la culata y el delfín de De la Sota, Juan Schiaretti, sigue enlodado en un bochornoso recuento de votos.
En otros distritos, la Casa Rosada se dedicó a maquillar como propias victorias que en realidad corrieron por cuenta de peronismos locales ortodoxos: Sergio Uribarri en Entre Ríos; José Luis Gioja en San Juan; y Luis Beder Herrera en La Rioja.
El mismo juego de apropiación puso en práctica Kirchner con radicales pseudoconcertadores como Miguel Saiz en Río Negro y Eduardo Brizuela del Moral en Catamarca.
Víctima
En el resto de los comicios adelantados, la Casa Rosada fue víctima de contundentes derrotas. La Ciudad de Buenos Aires cayó en manos de Mauricio Macri. Tierra del Fuego fue tal vez el golpe más doloroso, por lo inesperado, para Kirchner. Allí el Presidente apoyó al gobernador Hugo Cóccaro y al intendente de Ushuaia Jorge Garramuño pensando que se aseguraba un ballottage «entre amigos». En medio de graves acusaciones entre ambos candidatos, Fabiana Ríos, del ARI, recogió el voto de los indignados fueguinos para convertirse en la primera gobernadora del país.
En Neuquén nada pudo hacer la débil concertación K local contra Jorge Sapag, del Movimiento Popular Neuquino, mientras que en San Luis ni siquiera hubo adversarios para competir contra el reelecto Alberto Rodríguez Saá. Finalmente, en Santa Fe el socialista Hermes Binner dio una demorada estocada fatal a un PJ que a último momento se había armado de vanas ilusiones.




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