20 de noviembre 2003 - 00:00

Entre Ríos cierra el calendario electoral con peleados comicios

En esta elección, el radicalismo intentará mantener el poder que ostenta en la provincia desde 1999, cuando por menos de medio punto se impuso el actual gobernador, Sergio Montiel. La pulseada será seguida, además, por la UCR nacional, que acumula ya un score de cuatro provincias retenidas (Chaco, Mendoza, Río Negro y Catamarca) y una arrebatada al PJ (Tierra del Fuego). Y la frustrante experiencia de Chubut del 9 de noviembre -que confía en no repetir-, cuando perdió esa plaza por la victoria del justicialista Mario Das Neves.«Nunca la UCR o el PJ ganaron por más de 10 o 20 mil votos una elección en Entre Ríos», recordó ayer un observador local.
Con el aval de Néstor Kirchner, el senador nacional Busti intentará acceder por tercera vez al sillón de Urquiza, y en su entorno confían en un triunfo por más de 7 puntos. En las últimas semanas, el apoyo presidencial tomó la forma de desembarcos de figuras nacionales, como Cristina Fernández de Kirchner y el ministro de Economía, Roberto Lavagna.
En la vereda del partido gobernante, en tanto, la UCR postula al actual intendente de Paraná,
Sergio Varisco, con el Frente Social Entre Ríos Tiene Futuro, coalición que concentra a la UCR, la Democracia Cristiana y el MID.
En esta contienda, el radicalismo local
espera no salirse de la tendencia electoral que muestra oficialismos ganadores en las provincias, a pesar de que pesa en su contra la cuestionada administración de Montiel. En rigor, Varisco le ganó ampliamente la interna radical al candidato del actual mandatario, y se encargó durante toda la campaña de venderse como «la renovación» dentro del partido. Ayer aseguró que hay «un empate técnico» entre él y Busti.
El tercero en discordia es el justicialista intendente de Gualeguaychú,
Emilio Martínez Garbino, quien decidió desafiar la estructura partidaria y presentarse por fuera del PJ. Su Nuevo Espacio Entrerriano reúne a un sector del peronismo, el ARI, parte del Partido Socialista, el Partido Intransigente y agrupaciones municipales y vecinales.
Garbino se vende como «el verdadero propulsor» de la renovación política que blande Kirchner, a pesar de no contar con su apoyo explícito. Y apuesta a restarle votos al PJ -por su condición de justicialista-, pero también a Varisco, con quien comparte una franja de potenciales votantes.
 Estrategias
Entre otras estrategias, desde el PJ ventilan el «voto antirradical», montando sobre Varisco el estigma de las críticas a Montiel. En la otra vereda, aseguran que el «voto anti-Busti» puede afectar seriamente la performance del senador nacional. Ese nicho es explotado por el entorno de Varisco, desde donde se pregona el «voto útil pro Varisco» para hacer frente al pejotista, y en detrimento de Garbino.
Durante la campaña presidencial, Busti se mostró prescindente y Garbino apoyó explícitamente a Kirchner.
Pero el apoyo presidencial se volcó hacia el candidato oficial del PJ, de la mano de un postulante a vicegobernador que es amigo personal del santacruceño - Pedro Guastavino- y de los kirchneristas Rosario Romero y Carlos Daud, candidatos a diputado nacional.
El clima de campaña se enrareció en los últimos días, producto de dos episodios de violencia que tuvieron como protagonistas a Busti y a Varisco. Un vehículo en el que viajaba el primero recibió un impacto de bala, mientras que el radical fue agredido a pedradas en Concordia, el bastión más fuerte del bustismo. En esta última ciudad, ayer, denunciaron nuevas agresiones, en este caso contra un militante y un concejal del Nuevo Espacio Entrerriano.
También ayer, uno de los hombres de confianza de Busti,
Juan Carlos Chagas, aseguró que «la mentira tiene patas cortas, porque el voto de los entrerrianos va a desvirtuar el rosario de calumnias de los radicales», en referencia a las sospechas que levantaron sobre la veracidad del atentado contra el senador nacional.

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