Las «hospederías o casas de retiro» instaladas en distintos puntos del país prometen un espacio de paz, armonía y descanso para quienes buscan alimentar la vida interior en un clima de recogimiento.
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En el sur de la provincia de Entre Ríos, a 3 kilómetros de la ciudad de Victoria, está la centenaria Abadía del Niño Dios, donde los monjes benedictinos ofrecen su casa para todo el que quiera «buscar a Dios sinceramente y encontrarse consigo mismo». La estadía tiene un valor de 25 pesos e incluye la comida, y los visitantes sólo deben llevar sus sábanas y toallas, no se permite estar más de cuatro días y tampoco se puede salir del predio del monasterio durante el retiro.
El hermano Miguel, encargado de la hospedería, señaló que la abadía es un lugar donde las personas «también pueden replantear algún cambio en sus vidas, ya que desde ese espacio, y tomando distancia de lo cotidiano, ayuda a ver las cosas desde otro punto de vista».
En tanto, en la ciudad de Azul, en la provincia de Buenos Aires, se encuentra el Monasterio Trapense, que también recibe a las personas interesadas en enriquecer su espíritu.
Sobre este monasterio, una leyenda cuenta que uno de los pilotos que tiró la bomba atómica sobre Japón se hizo monje trapense y llegó a alojarse en Azul.
Hay lugar para ocho hombres y tres matrimonios que pueden ir de martes a viernes y de viernes a martes, en dos turnos.
A estos dos ejemplos se suman muchas otras ofertas de conventos o espacios que organizan retiros espirituales en todo el país, cuyas direcciones, teléfonos y demás referencias pueden ser consultados en la guía eclesiástica.
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