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10 de octubre 2007 - 00:00

Sinceramiento del gobernador Peralta

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En una entrevista concedida al diario «Prensa Libre» de Santa Cruz, el mandatario de transición y candidato a gobernador por el kirchnerista Frente para la Victoria, Daniel Peralta, se explayó sobre la crisis en la provincia de Néstor Kirchner y sobre su particular relación con el Presidente. Veamos algunos tramos del diálogo.

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Periodista: ¿Cuál fue su primer pensamiento cuando supo que iba a ser gobernador?

Daniel Peralta: Mi primer pensamiento fue de muchísima inquietud. Venía viendo cómo se iba deteriorando la relación de Río Gallegos, fundamentalmente con el gobierno. La gente comenzó a marchar y a expresar su demanda, y ya fue tarde. Esto se resolvió el día en que yo estaba sentado al lado del Presidente, el día de la represión a los municipales. Uno estaba a 3 mil kilómetros y se pregunta por qué, y quién ordenó y cómo se llegó a eso. En fin, todos interrogantes, muchos de los cuales aún están dentro de la causa judicial.

P.: ¿Cómo definiría lo que ocurrió?

D.P.: Fue el final de un proceso de desgaste, donde el gobierno perdió la iniciativa y mi partido también perdió la iniciativa política, fundamentalmente de comunicación con la gente. Y es inviable un gobierno que no tenga comunicación con la gente. Faltó escuchar. Creo que hubo errores estratégicos muy serios, como romper la relación con la Iglesia.

P.: Todo parecía que comenzaba a normalizarse cuando ocurrió lo de (Daniel) Varizat. ¿Cómo le afectó lo ocurrido?

D.P.: Me afectó muy profundamente. He vivido épocas de violencia política. Los años 70 fueron de violencia, yo estuve en Ezeiza cuando las balas nos picaban cerquita, y después la violencia del Proceso. Pero la verdad es que ver involucrados a vecinos... La señora Guillarmaz (la docente que sufrió las heridas más graves, tras ser embestida por Varizat) es mamá del que fue el primer novio de mi hija. Eso hizo involucionar la relación que estábamos construyendo de a poquito, porque si bien el hecho lo cometió una persona, nadie puede desconocer que es alguien muy ligado al Frente para la Victoria.

P.: En sus discursos destaca el hecho de que se han perdido tres años, pero... ¿cuánto se perdió?

D.P.: Santa Cruz perdió mucho. Yo miro Chubut y a Mario Das Neves yo le tengo una sana envidia, porque aprovechó muy bien el ser un gobernador patagónico con empuje, con un presidente patagónico. Chubut avanzó por sobre Santa Cruz en muchísimos aspectos. Soy un tipo que me considero amigo de Sergio Acevedo, con él hemos compartido desde chicos cosas, pero me produjo una sensación de frustración la gobernación de Sergio y la ida de Sergio. Su decisión nos sumergió en una crisis institucional que nos llevó adonde estamos hoy.

P.: ¿Hay una pérdida de confianza en la gente?

D.P.: La gente hace mucho tiempo que está buscando una clase política distinta. Debe haber una renovación en la política y en la clase dirigencial en general. Tampoco puede ser que la política sirva para llevar crispación a la gente.

P.: ¿Cómo es la relación con Néstor Kirchner?

D.P.: Siempre he discutido con el Presidente, tengo una relación muy franca. Desde los 17 años que militamos juntos. Siempre milité en lineamientos distintos de los de él. Eso marcó la relación que mantenemos. Es un tipo exitoso, con mucha suerte y en lo personal me considero que he cultivado una amistad a lo largo de los 30 años de relación que nos une, pero una amistad sincera, donde discutimos las cosas.

P.: ¿Cuánto hay de verdad en la injerencia que el Presidente tiene en las decisiones del gobierno provincial?

D.P.: Tengo mi punto de vista de cómo van a ser los próximos cuatro años de mi gestión en Santa Cruz, y la verdad que no lo consulté con nadie. Ahora bien, otra cosa es negar la incidencia que tiene el Presidente no sólo sobre el electorado de Santa Cruz, sino también hacia dentro del Frente para la Victoria. El hecho de que hoy un santacruceño sea presidente es muy fuerte. Pero las decisiones políticas de gestión son otro cantar. La decisión de darles el último aumento a los trabajadores fue mía y la de traer los fondos del exterior fue mía. La decisión de anular los contratos con el Banco Santa Cruz sobre la administración de los recursos tributarios y liquidación de salarios también fue mía. Mi relación con la Cámara de Diputados es personal y mi relación con el radicalismo, con la oposición y con los sindicatos es algo que manejo yo. No se le pueden cargar al Presidente los errores propios. Al Presidente hay que bien utilizarlo, en el buen sentido. Es un tipo que no tiene muchas ganas de meterse en la vida diaria de los riogalleguenses y mucho menos de los santacruceños, porque se está retirando ahora del honor más alto que es haber estado en la Presidencia, y la verdad es que a una persona que ha llegado a tanto tampoco se le puede achacar mala fe en su relación con la sociedad. Nada de lo que ha hecho Néstor por Santa Cruz ha sido con mala fe.

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