Un año atrás, cuando Javier Milei, flamante presidente de la Argentina, ingresó a la Casa Rosada, un lugar que nunca había pisado antes, sabía que tenía delante un gran desafío con un futuro incierto.
Como economista que es, y ama ser, era consciente de la herencia que recibía. Ganó las elecciones, pero con escaso respaldo institucional. Los logros, las cuentas pendientes y los planes para 2025.
A Milei se lo conoció en la televisión y las redes sociales, por sus enojos, por sus frases fuertes y categóricas
Un año atrás, cuando Javier Milei, flamante presidente de la Argentina, ingresó a la Casa Rosada, un lugar que nunca había pisado antes, sabía que tenía delante un gran desafío con un futuro incierto.
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Como economista que es, y ama ser, era consciente de la herencia que recibía. La inflación galopando a un ritmo que podía culminar en una hiper, precios atrasados, un Banco Central quebrado, aumento de la pobreza, la actividad cayendo, los salarios y las jubilaciones perdiendo poder adquisitivo y un déficit desbocado, por mencionar los hechos más relevantes.
Con el bastón de mando en la mano subió las escalinatas de lo que sería de ahí en más su despacho de trabajo. No disimuló su emoción y la incertidumbre por el camino que comenzaba a recorrer.
Ganó las elecciones, pero con escaso respaldo institucional. El Congreso sería un condicionante permanente al igual que los gobernadores.
La sociedad lo apoyó, pero no tanto por adherir a sus ideas o comprender su pensamiento, sino para huir de los políticos que no les garantizaban nada diferente a lo vivido. “Basta, probemos algo nuevo”; “si los cuerdos nos trajeron hasta acá, intentemos con un loco”, son algunas de las frases que se escucharon para justificar el voto al dirigente libertario.
A Milei se lo conoció en la televisión y las redes sociales, por sus enojos, por sus frases fuertes y categóricas: “los políticos son una casta”, “son unos chorros, son corruptos”. Al Congreso lo definió como un “nido de ratas”. La “motosierra” fue la imagen a la que apeló para simbolizar el corte de todo lo malo; la dolarización para recordar tiempos de estabilidad de la convertibilidad y ”voy a cerrar el Banco Central” con el compromiso de dejar de emitir para terminar con la inflación. En síntesis, era un personaje disruptivo, enérgico y muy particular que justamente fue lo que captó el interés de los votantes.
“No la ven” fue la expresión que utilizó para resumir cómo la política se alejó tanto de la gente que se constituyó en una “casta” que gobernó teniendo como única premisa mantener el poder, suelen explicar los libertarios.
Y, Milei, ajeno al mundo de la política, los exponía continuamente. El momento cúlmine de este diagnóstico se dio con la pandemia. “El sector privado encerrado mantuvo al sector público”, explican y agregan que “mientras los privados se empobrecían, los funcionarios y empleados públicos hasta podían ahorrar”.
El encierro y los resultados de una política sanitaria que no impidió la muerte de 130.000 mil argentinos fue una de las razones por las cuales la palabra Libertad resonó más fuerte entre los argentinos.
Y, como es lógico, los jóvenes fueron los primeros en gritarla. Así, con el impulso de los medios de comunicación, las redes y en buena medida el apoyo de los jóvenes fue creciendo la imagen de un Milei que entró en la política llevado por las circunstancias. Y, casi sin quererlo un outsider de la política, llegó a la presidencia de la Nación.
“Javier Milei, economista”, así se presenta el presidente de la Argentina en su cuenta de X. Es que para Milei su mayor orgullo es la profesión con la cual se ganó la vida y aspira a seguir ejerciendo, luego de dejar su cargo de jefe de Estado.
El 10 de diciembre del año pasado, Milei ingresó a la Rosada con una promesa a los argentinos: derrotar la inflación.
Hoy, el presidente siente que esta muy cerca de cumplir con esa promesa y de dotar de libertad a la economía argentina. Y, fue posible porque llevo a cabo un programa de estabilización, que más allá de lo técnico, requería de mucho coraje.
“El temor al ajuste fiscal era por el desborde social” y este fue un freno que siempre condicionó a la política para no atender los problemas de fondo del país, señalan en la Casa Rosada. Aplicar el ajuste que se realizó con niveles de pobreza tan altos requería de una audaz determinación política pero también de proteger a los más vulnerables.
A un año del inicio de su gestión la situación macroeconómica ha cambiado:
“Milei es un líder” suelen repetir sus colaboradores. “Es un jefe que forma equipos, que deja hacer”, afirman. “Es inflexible y no perdona la traición ni la mentira”. Le aburren las reuniones multitudinarias, prefiere los encuentros con poca gente.
Ama la música tanto como la economía. Es un gran conocedor de ópera, pasión que comparte con el rock and roll. Le encantan los Rolling Stones y también Elvis Presly.
No le interesa la ropa, ni los lujos, ni la comida, ni la bebida, nada de eso compite con un buen libro, según señalan quienes conocen los gustos del presidente.
Agregan que es generoso y agradecido. Y que no tiene mucho sentido del humor y puede enojarse fácilmente.
No deja de asombrarlo el interés por su persona que despierta en figuras mundiales y lo atribuye a su difusión de las ideas libertarias. Es más, Milei afirma que su mayor aspiración es ser un referente mundial del liberalismo.
Suele repetir que “cuando deje la presidencia”, continuará ganándose la vida dando conferencias de economía, dando a entender que la política ha sido un accidente en su vida.
El presidente encara su segundo año de mandato con sus objetivos no dejan de ser ambiciosos, a saber:
Estos son solo algunas de las iniciativas que desde el Ejecutivo se impulsarán. Para llevarlas adelante deberá lograr buenos resultados en las elecciones de medio término en dónde se verá si la sociedad lo sigue acompañando.
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