La reducción de la incertidumbre, un marco regulatorio estable y menores cargas impositivas aparecen como pilares para reactivar la inversión, mejorar el clima de negocios y sostener el crecimiento económico.
Presidente de la Asociación Empresaria Argentina (AEA).
Las empresas privadas desempeñan un rol decisivo en el desarrollo económico y social de la Argentina. Son ellas el factor central en la generación de empleo, en la actividad exportadora, en el proceso de innovación, y por supuesto son un actor clave a la hora de aportar recursos — mediante impuestos o tasas — para el funcionamiento de los estados nacional, provincial y municipal.
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Las empresas privadas se desenvuelven con mayor plenitud cuando en el país predominan políticas que generan previsibilidad en términos de la estabilidad en las reglas de juego. En tal sentido, corresponde subrayar que cuando Argentina experimentó períodos en que el nivel de incertidumbre fue muy elevado, ello redundó en una retracción importante de la actividad empresaria.
Un elemento clave que determina la labor empresaria es la estabilidad económica y concretamente la tasa de inflación. Niveles muy altos de variabilidad en los índices de precios — tan frecuentes en nuestra historia — han sido sin duda un elemento muy limitante para el desarrollo de las empresas privadas. No podemos dejar de destacar a este respecto que la fuerte baja de la inflación en este último tiempo brinda un horizonte alentador en términos del clima de negocios en el país.
Es sabido que la variable determinante que hace que un país entre en un período de crecimiento sostenible es la tasa de inversión, y ella está centralmente asociada a la conducta empresaria. Es a esta luz que resulta importante señalar algunos de los factores decisivos que determinan las inversiones productivas.
Ford industria automotriz autopartes
La industria autopartista viene sufriendo por distintos frentes el embate de la importación de componentes chinos.
Inversión, infraestructura y educación: desafíos estructurales
Una presión tributaria elevada es un causante claro de una baja tasa de inversión. Todo esfuerzo tendiente a reducirla es bienvenido, particularmente si se concentra en la reducción, y en lo posible en la eliminación, de los tributos distorsivos aplicados en los diferentes niveles de gobierno.
Otro factor decisivo es el costo del capital. Evidentemente, el nivel de las tasas de interés acerca o aleja la probabilidad de llevar adelante el financiamiento de proyectos de inversión. No podemos dejar de señalar en tal sentido que un ordenamiento de las cuentas públicas y el retiro del Estado como principal demandante de recursos financieros es una nota muy auspiciosa, ya que favorece el acceso de las empresas al mercado de capitales en condiciones más favorables.
La actividad empresaria se ve muy influenciada además por otros dos factores: el nivel educativo de la población y la productividad derivada de la infraestructura y la logística existente en el país. Ambas son asignaturas que requieren la implementación de políticas con una visión de largo plazo y sobre las cuales resultaría muy positivo que se establecieran políticas de Estado ampliamente compartidas.
Argentina, en su objetivo de avanzar en el camino del desarrollo, tiene en las empresas privadas pequeñas, medianas y grandes al actor decisivo. Contribuir entre todos a generar las condiciones para el desenvolvimiento de las mismas es la política más sabia a implementar para alcanzarlo.
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