Porsche concretó una operación clave en su estrategia global: vendió sus participaciones en Bugatti Rimac y Rimac Group por cerca de 1.000 millones de euros (unos u$s1.154 millones aproximadamente), lo que implica su salida definitiva de ambos proyectos automotrices. La transacción, cerrada el 9 de septiembre tras las aprobaciones regulatorias, responde a la necesidad de ordenar sus finanzas y concentrarse en su negocio principal.
El movimiento se da en un escenario desafiante para la compañía, marcado por una desaceleración en mercados relevantes como China y una transición eléctrica más costosa de lo previsto. En ese marco, la automotriz decidió priorizar liquidez y foco operativo.
Liquidez y foco en el negocio principal
Hasta ahora, Porsche era uno de los socios clave en la estructura creada en 2021 junto a Rimac. Con esta salida, la firma alemana obtiene una inyección inmediata de capital, de la cual unos 250 millones de euros serán destinados a obligaciones vinculadas a pensiones, mientras que el resto se utilizará para mejorar su posición financiera.
El movimiento se da en un escenario desafiante para la compañía, marcado por una desaceleración en mercados relevantes como China y una transición eléctrica más costosa de lo previsto.
En paralelo, la compañía ajustó sus previsiones para 2026 y elevó su margen de flujo de caja automotriz estimado a un rango de entre 5,5% y 7,5%, por encima de los niveles proyectados anteriormente. El objetivo es recuperar rentabilidad en un contexto de presión sobre los costos.
Nuevo escenario para Bugatti
La desinversión también redefine el esquema de control en Bugatti Rimac. Desde ahora, la compañía queda bajo una estructura liderada por Rimac Group junto a inversores encabezados por HOF Capital, sin participación de Porsche.
En términos de producto, el cambio no altera los planes en marcha. Bugatti avanza con el desarrollo del Tourbillon, un hiperdeportivo híbrido que combina un motor V16 con tecnología eléctrica. La continuidad del proyecto muestra que la electrificación seguirá siendo parte central de su estrategia, aunque ya sin vínculo accionario con la marca alemana.
En conjunto, la operación expone un cambio de prioridades dentro de Porsche, que opta por desprenderse de activos no estratégicos para fortalecer su balance y afrontar una etapa en la que la transformación tecnológica aún no se traduce plenamente en demanda.