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27 de febrero 2023 - 00:01

Berlín, con un “Juicio” impecable

La película de Ulises de la Orden trabajó desde la no ficción el juzgamiento de 1985.

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El juicio. El documental de De la Orden se vio en la Berlinale 2023.

Berlín - La sección Forum del Festival de Cine de Berlín ha promovido desde los años sesenta la difusión del cine latinoamericano de sesgo político y formalmente innovador. En 2020, la última edición presencial hasta la de 2023, invitó al documental de nuestro compatriota Jonathan Perel, “Responsabilidad empresarial”, obra experimental en 23 planos secuencias con cámara fija, que establece una analogía entre los nazis y las juntas militares de 1976 a 1982. En esta edición, el Forum seleccionó “El Juicio”, un documental dirigido por Ulises de la Orden, que se estrenará, según anunció el director, en abril en nuestro país. Comparte el tema con “Argentina, 1985”, el largometraje de Santiago Mitre. Este abordaje del juicio a los militares del Proceso ofrece una oportunidad interesante para estudiar las posibilidades y límites del registro documental.

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Nacido en 1970, de la Orden estudió en la Universidad del Cine; es profesor en la Enerc, la escuela del Incaa. Su obra documental, centrada en comunidades indígenas y el medio ambiente, puede seguirse en su página web. En “El Juicio” salta al cine político con manejo notable de las técnicas documentales. Hubiera sido fácil caer en simplificaciones maniqueas y clichés visuales, enemigos del matiz, característicos de tanto cine político argentino. Las imágenes con las que elige trabajar, en un proceso de montaje minucioso, le proporcionan los límites: sólo utiliza la grabación hecha por dos cámaras de televisión, volcadas a video U-Matic, en el recinto de la Suprema Corte donde se realizó el juicio. Fueron 500 horas de material grabado en 530 cassettes, a partir de abril de 1985 durante nueve meses. Guardado en ATC, el material se digitalizó en 2010, gracias a la financiación provista por la Universidad de Salamanca, según explicó el director; existen dos juegos de copias, en la Argentina y Noruega. De la Orden y su equipo trabajaron sobre las digitalizaciones, revisándolas durante nueve meses. Así se fue formando el hilo conductor del documental, una “dramatización” del juicio, en 18 bloques temáticos, cuyos títulos surgen de frases dichas durante el juicio.

El primer montaje de ocho horas se redujo después a cinco, para terminar en los 177 minutos actuales. El resultado no es una “crónica” de los hechos, organizada temporalmente, sino una “historia” armada por el director, con el énfasis puesto en los testigos del juicio, que sólo se ven de espaldas, por la ubicación de las cámaras. Esa invisibilidad de los rostros resulta, paradójicamente, muy eficaz. La mayoría de las tomas son de planos medios y largos. A través del montaje, el realizador comunica al espectador dónde pone el énfasis. Al ser un documental sin narrador en off ni entrevistados, la perspectiva del director surge entonces de su selección de imágenes, que va “creando” espacios emocionales con los relatos de los testigos sobrevivientes en centros militares clandestinos. Los argumentos de la defensa y la fiscalía están minimizados, y al no darse los nombres de quienes hablan –como es usual en documentales de investigación– las individualidades no se registran.

El material audiovisual no es elocuente en sí mismo, por las circunstancias e infraestructura de producción. El mismo desafío tuvo el documentalista israelí Eyan Sivan en “El especialista” (1999), sobre el juicio a Adolf Eichmann en Jerusalén en 1961, trabajando sobre 350 horas de material televisivo. En ambos casos, si bien los realizadores están confinados por el material (no filman nada nuevo), en el proceso de montaje es donde realmente arman la historia. La “banalidad del mal”, frase de Hannah Arendt, que escribió sobre el juicio, es lo que surge del montaje de esas imágenes en blanco y negro, anodinas en sí mismas, de un funcionario nazi. La estrategia del realizador argentino es reemplazar la cronología por bloques temáticos.

El realizador mantuvo un diálogo animado con el público luego de la película. La presentación inicial corrió por cuenta del diputado Leandro Santoro, celebrando a Raúl Alfonsín como el héroe que salvó la frágil democracia argentina. Interesa notar que “El Juicio” entró en la red internacional de financiación, talleres y apoyo de organizaciones públicas y privadas nacionales e internacionales, incluyendo el Sundance Institute, la Fundación Ford y el programa Mecenazgo de la ciudad de Buenos Aires. “El Juicio” es un referente importante para las nuevas generaciones, no sólo porque ilustra el episodio con que se cierran los violentos años setenta, sino por las preguntas que invita a generar.

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