15 de julio 2002 - 00:00

Argentina pierde mercado uruguayo de trigo y harina

El gobierno uruguayo suspendió por seis meses el arancel externo común que grava con 11,25% al ingreso de trigos provenientes de países que no componen el Mercosur. La medida fue en respuesta al pedido de molineros e industriales panaderos ante la falta de trigo en la vecina orilla y los altos precios a los cuales se comercializa el cereal en la Argentina. Y este reclamo es similar al que vienen haciendo los industriales brasileños a su gobierno.

El viernes pasado, el ministro de Economía uruguayo, en plena interpelación en el Palacio Legislativo, anunció la decisión de suprimir por 6 meses el mencionado arancel. Y el tema trigo/harina, costos y su incidencia en la economía del pueblo uruguayo fueron un punto importante de la extensa exposición que el funcionario realizó ante la comisión de interpelación. Porque, como anticipó Ambito del Campo, la situación de producción y consumo de ambos países mencionados es extremadamente ajustada.

• Mala calidad

En el caso de Uruguay, la cosecha de trigo fue pobre y de muy mala calidad, con lo cual se vieron obligados a importar grandes cantidades de trigo. Lógicamente, el principal y natural vendedor de ese trigo debería ser la Argentina. Pero la situación económica de la región, con las devaluaciones y las retenciones a las exportaciones -en nuestro caso- han hecho que la oferta de trigo aparezca a precios excesivamente caros. «Hoy estamos negociando traer trigo de cualquier lado, menos de la Argentina...», comentaba con desorientación un molinero oriental. Porque el trigo nacional, fuera de estar cotizando a valores altos -en relación con los precios del cereal de otros orígenes-, también posee limitantes de calidad, haciendo mucho más complicada la comercialización. Por ejemplo, los únicos trigos que pueden ingresar en Uruguay deben ser cargados en los puertos bonaerenses de Bahía Blanca y Necochea, por tener la «garantía» de que son libres de fusarium y, por ende, cumplen con el requisito de máxima de una parte por millón de toxinas que exigen en el vecino país.

Pero también influyen en la solicitud de los industriales uruguayos los continuas exposiciones por parte del gobierno charrúa que reclama por las subas de los valores de la harina. A pesar de que los molineros uruguayos le explican a su gobierno que las subas son correspondidas a los aumentos en los costos del trigo y que al estar dolarizada la harina, indefectiblemente al aumentar la cotización del dólar, aumenta el trigo y, por ende, el precio de la harina, también. Desde el 1 de julio, el peso uruguayo se devaluó 35%, siendo éste el porcentaje de aumento del precio de la harina. También se debe considerar el componente «argentino» donde la oferta de trigo por parte de los productores es escasa, y los exportadores que quieren adquirir el cereal muchas veces deben pagar precios muchos más altos que los que corresponden o indica el mercado internacional.

A pesar de que las firmas exportadoras tienen en su haber el beneficio financiero de abonar 10% de la mercadería a 120 días, y con una cotización del dólar inamovible, por estos días existen ofertas de trigo de todas partes del mundo, siendo, en muchos casos y a pesar del arancel externo común, a valores verdaderamente convenientes. Los uruguayos y brasileños están en condiciones de comprar trigo en EE.UU., Canadá, Polonia y Rusia, con calidades y variedades de trigo similares a la nuestra.

Siempre se dijo que el Mercosur sería un éxito si todos los socios se vieran beneficiados en la misma proporción. Siempre se intentó buscar el protagonismo de cada uno, en el libre comercio, como producir lo que otro no realice, y de comercializar mercaderías donde ambas partes se encuentren conformes. Pero, esta vez, la situación económica de los tres países involucrados es harto difícil.
Quizás éste sea el mejor momento para eximir por 6 meses del pago del arancel externo común a los trigos extrazona. De esta forma, se evitaría que la situación social de las tres naciones se intranquilice aún más, porque debemos considerar que el trigo, la harina, el pan y los fideos son los alimentos básicos e indispensables de cualquier pueblo del mundo. Lógicamente, al quitar este arancel externo, los precios de la harina tendrán una tendencia a la baja, motivada básicamente por la baja de valores a los cuales se podrá comprar el trigo a partir de este momento. Y en la Argentina pasaría algo similar, ya que el saldo exportable de trigo que queda sin vender -apenas 1.000.000 de toneladas- no alcanza para satisfacer las necesidades de nuestro gran comprador, Brasil, ni de Uruguay.

• Mercosur

Lógicamente, habrá que sentarse a pensar qué se debe hacer de aquí en más. Porque si en nuestro país se continúa obteniendo de 10 a 13 millones de toneladas de trigo por año de saldo de exportación, se debería intentar comprometer anticipadamente dichos volúmenes con ventas a los países socios del Mercosur, ya que, a pesar de que existe un pacto de caballeros explícito para no agredirse dentro del marco del acuerdo multilateral existente, muchas veces el nerviosismo de alguna de las partes hace peligrar esta armoniosa convivencia.

En la otra orilla, se comenta que algún panadero solicitó cotización a algún molinero argentino, para importar harina directamente. Pero este tipo de proceder no haría nada bien a la necesidad de solucionar la problemática actual triguera de la región. Porque las fronteras son de ida y vuelta, y como se puede cargar harina hacia un lado, se puede llegar a despachar harina hacia el otro. Sin considerar las múltiples trabas paraarancelarias que se encuentran disimuladas en los requisitos de los diversos estándares de calidad comercial que imponen todos los países socio. El mundo se encuentra inmerso en un comercio de tremenda agilidad y rapidez en las modificaciones de las pautas y normas que lo rigen.
Sería interesante que los políticos sudamericanos entiendan que todavía el Mercosur es parte de ese mundo.

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