Crece agro, pero peligra fertilidad de los suelos
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El campo y su revolución ¿con o sin infraestructura?
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El primer factor explica la capacidad de producción del agro argentino y la ampliación de la frontera agrícola hacia tierras históricamente marginales; el segundo, la flexibilidad y capacidad de adaptación del sector, sin necesidad de subsidios y transfiriendo buena parte de su renta hacia otras economías nacionales.
Por eso he presentado un proyecto de ley de promoción de fertilizantes que persigue dos objetivos: el descuento de impuestos nacionales para todos aquellos productores agropecuarios que inviertan en fertilización de suelos y, una política de arancel cero para aquellos fertilizantes que no se produzcan en el país, tal como es el caso del fósforo, entre otros.
Frente a ello, algunos piensan en soluciones «stalinistas-»: que el gobierno debe intervenir para señalar qué cultivos son « políticamente correctos» y cuáles no. Pero ya sabemos qué sucede cuando el dirigismo pretende reemplazar la racionalidad de quienes producen.
Por el contrario, otros pensamos que es necesario generar innovadores mecanismos fiscales, que reduzcan los impuestos de aquellos productores que fertilicen sus campos, y que bajen los aranceles de importación para los fertilizantes importados, porque creemos en las decisiones libres de quienes producen y que el Estado debe colaborar devolviendo impuestos a quienes generan buena parte de la renta nacional.
La Argentina ha demostrado al mundo que es un eficiente y competitivo productor de alimentos; ahora debe demostrar que también sabe cuidar sus suelos.


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