Hace dos décadas, el quintal de uva fina se pagaba lo mismo que el de uva criolla -que es más económica y de mayor rinde-, generando que miles de hectáreas fueran implantadas con ese híbrido, en detrimento de añosos viñedos de uvas de alta calidad. Pero la tendencia de consumo comenzó a cambiar a nivel mundial y en la Argentina, trocando los vinos de mesa por vinos finos.
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Convertibilidad mediante, los vitivinicultores locales modernizaron no sólo sus bodegas, sino también sus viñedos. El riego por goteo, que hasta el momento era sólo privilegiode unos pocos, se generalizóy se importó material genético de altísima calidad desde Francia, Italia, Estados Unidos y Sudáfrica. Esto permitió incrementar la variedad de uvas finas (malbec, syrah, cabernet sauvignon y merlot, entre las tintas; y chardonnay y sauvignon blanc, entre las blancas), junto con el desarrollo vitivinícola de zonas hasta no hace mucho impensadas. De hecho, el hoy famoso Alto Valle de Uco hace poco más de 10 años era un agreste pedemonte plagado de arbustos.
Hoy, a menos de quince años de iniciada la transformación agrícola de la región de Cuyo, la siembra comienza a dar alentadores frutos: en 2003 las exportaciones de vinos y mostos alcanzaron u$s 224,9 millones, cifra que significó un incremento de 25,3% respecto de lo que se había exportado en 2002.
Estableció, además, una nueva marca al superar lo comercializado en 1997, que había sido la cifra más alta lograda hasta la fecha. Si esos valores se comparan con 2002, marcan 50% de aumento en volumen y 32% en la facturación. Casi 35 veces más que en 1979, mientras que las exportaciones totales argentinas sólo triplicaron su volumen. En lo que al mercado local se refiere, en 2003 el consumo de espumantes aumentó nada menos que 58,93%; y el de vinos finos, 19,43%. «La Argentina es el quinto productor a nivel mundial, pero, y aun con este marcado incremento, ocupa el décimo puesto en cuanto a exportaciones», aseguró Alejandro Martínez Rosell, enólogo de Cavas Rosell Boher, emprendimiento bodeguero de vinos espumantes de alta gama.
En los últimos años, la superficie cultivada con viñedos se estabilizó en torno a las 210.000 hectáreas, producto de los nuevos desarrollos e inversiones, y se espera que las mismas crezcan de manera notable. En tanto que en el último quinquenio, el monto invertido superó los u$s 500 millones entre capitales extranjeros y nacionales, tanto en viñedos como en bodegas.
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