Con los últimos lotes que se sembraron en los pasados días, se terminó la siembra del girasol en todo el territorio nacional. Se sembraron 2.294.000 hectáreas con la mencionada oleaginosa, representando un aumento de 13% del área, comparativamente con las 2.030.000 hectáreas que se utilizaron en el período anterior. En relación con la posible cosecha de girasol, se estima que los volúmenes aumenten también un porcentaje similar al área. De no tener malas noticias desde el aspecto climático, se espera que se recolecten 4.201.000 toneladas contra las 3.723.000 de toneladas que se cosecharon el año pasado. Lógicamente estamos bastante lejos del récord de producción obtenido en el ciclo 1998/'99 cuando se cosecharon 7.020.000 toneladas. Pero el aumento del área dedicada al girasol este año es un hecho verdaderamente alentador. Porque luego de aquel récord obtenido, los productores argentinos fueron dejando de sembrar girasol por diversos motivos. El principal fue el económico, mezclándose el agobio de las deudas contraídas, los problemas para conseguir nuevos créditos y la falta de credibilidad de las instituciones crediticias al sector.
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También influyeron fuertemente los altos costos de implantación y mantenimiento que genera esta oleaginosa. Si a todo lo mencionado, le agregamos la incertidumbre que se produce en la comercialización de este grano, la decisión de los productores pasaba a ser bastante acertada. Porque debemos considerar lo que muchos operadores granarios de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires indican desde hace tiempo: que el mercado de girasol no es transparente. Y al no serlo produce múltiples vicios comerciales que perjudican frontal-mente al productor girasolero. Esta oleaginosa es difícil de guardar en los campos, porque a medida que pasa el tiempo de estar almacenada, la semilla va perdiendo porcentaje de materia grasa. De esta forma, aquel productor que deja guardado su girasol varias semanas, al momento de realizar un análisis puede encontrarse que las bonificaciones por materia grasa hayan descendido notablemente. Por esto es que la oferta de esta oleaginosa se produce en el momento de la plena cosecha. Cómo esta situación es conocida por todos, y en especial por los escasos compradores, es que surgen problemas para poder conseguir buenas condiciones de comercialización. Ya que cuando se ofrecen contratos ya sea a precio hecho como a fijar -se entrega la mercadería y se le pone precio más adelante-, generalmente las condiciones de los mismos son muy beneficiosas para los compradores y muy perjudiciales para los vendedores. «Esto ya está cantado. Todos los años lo mismo, cosechamos y debemos morir en las garras de los compradores...», vaticinaba un productor girasolero de la bonaerense localidad de Tandil. Además, un tema a tener en cuenta este año es la poca credibilidad que poseen los mercados de futuros nacionales, ya que los productores no quieren saber nada con operar en ellos. En las provincias de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba los lotes sembrados evolucionan casi a la perfección, gracias a las precipitaciones caídas en los últimos días, donde algunos campos ya se encuentran en principio de floración. En tanto, en Entre Ríos y La Pampa, a pesar de que la mayoría de los lotes se encuentran en buen estado evolutivo, algunos girasoles están sufriendo escasez de agua y otros tienen problemas por mal escurrimiento de las capas freáticas. En tanto en el Chaco lentamente continúa la cosecha de girasol, teniendo todo tipo de rindes y calidades, dependiendo las zonas, ya que las inclemencias trajeron inconvenientes de tortas caídas y revuelco de plantas, por culpa de precipitaciones acompañadas de fuertes ráfagas.
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