La siembra directa tiene un «excelente comportamiento, fuera de toda duda» en la agricultura argentina, aunque aún persisten «cuestiones fundamentales no aclaradas» que hacen dudar a productores acerca de su aplicación, apuntó un trabajo del Inta Bordenave.
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El estudio de los técnicos Hugo Kruger, Santiago Venanzi y Eduardo de Sa Pereira, del INTA Bordenave, destacó que «el excelente comportamiento de la siembra directa en sistemas agrícolas puede considerarse, al presente, fuera de toda duda».
«Si bien se plantean e investigan aspectos puntuales, el sistema ha mostrado importantes ventajas respecto de labranzas convencionales en la mayor parte de los casos estudiados», concluyó el trabajo. Dentro de los «aspectos puntuales» que aún se investigan, figuran «el nivel de insumos en áreas con bajo potencial productivo, la aparición de malezas y plagas resistentes a los agroquímicos, rotaciones adecuadas y compactación en suelos de características específicas». En relación con los sistemas mixtos, destaca que «algunas cuestiones fundamentales no han sido aún totalmente aclaradas».
• Dudas
«Estas incógnitas hacen que muchos productores no se decidan a incorporar la siembra directa a sus sistemas de producción, ya que las principales dudas se refieren a la evolución de la cobertura superficial, al efecto del pisoteo por los animales, y a la inclusión de cultivos forrajeros en secuencias de cultivo tradicionales», estimó el INTA.
Los analistas consideraron que en la rotación, «la secuencia de cultivos en función de las particulares características de la siembra directa plantea numerosas discusiones».
Por ello, destacaron la necesidad de analizar, para cada caso, «fechas de siembra y cosecha, producción y calidad de residuos, alternancia de hospedantes para enfermedades, efectos sobre malezas, extracción de agua y nutrientes en distintas capas de suelo, duración de los barbechos, todo ello en forma coherente con un adecuado retorno económico».
El trabajo también pone de relieve que el pastoreo y la siembra directa compiten por la cobertura del suelo, sustrato fundamental de este sistema.
«Conocer la evolución en el tiempo de este parámetro resulta de importancia para detectar posibles niveles críticos respecto de procesos fundamentales como: erosión, planchado, retención de agua, y compactación», aconsejó la presentación.
De acuerdo con el estudio, en el largo plazo, la evolución de la cobertura tendrá, además, «influencia sobre el balance de materia orgánica del suelo y, en consecuencia, sobre la sustentabilidad del sistema», para lo cual determinaron «la necesidad de experimentación local/regional para evaluar sus posibles tendencias».
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