•... que varios escándalos -todavía solapadoscomenzaron a correr como reguero de pólvora en el sector agropecuario en los últimos días. De más está decir que sobre el malhumor reinante por la falta de resolución de temas de fondo (deudas bancarias, retenciones, aumento en el precio de insumos, restricciones y subas del gasoil y del gas, etc.), estos nuevos «aportes», aunque algunos sean comparativamente menores, actúan como fuego sobre combustible. Tal el caso, sorprendente, de la aparición de Luis Barcos como moderador y orador en la mesa de Trazabilidad en la última reunión de la OIE (Organización Internacional de Epizootias) en París la semana pasada. Es que no pocos recuerdan que el cuestionado ex titular del SENASA hasta 1999, conocido, entre otras cosas, por el particular respaldo que tenía del por entonces ministro de Economía, Roque Fernández, fue quien dejó de vacunar contra la aftosa en octubre del '98, cuando el cordobés Gumersindo Alonso era secretario de Agricultura. El principal cuestionamiento a la decisión provenía de que aún no se habían completado los recaudos para que el país no corriera riesgos de caer en la misma situación (banco de vacunas, alerta automática ante la ocurrencia de algún caso, etc.). Lo que sucedió después, previsible, es bien conocido. Pero no fue la única crítica que recibió durante su gestión. También el controvertido cierre de la importación de semen, que perjudicó a la ganadería vacuna en general y a la mayoría de los bancos genéticos del país (salvo, claro está, uno o dos que habían realizado sus compras en forma «muy» adelantada), o la cuestionada reestructuración del SENASA realizada por sus asesores de Remonta (donde desarrolló buena parte de su actividad como veterinario) constituyen sólo algunos de los hitos recordables de su gestión oficial. Tal vez la gente de la OIE que lo invitó no conozca la historia en forma completa... * * * •... que no es el único problema que ronda lo sanitario. El caso de los nitrofuranos, que sigue sin resolverse, aunque mediáticamente se circunscribe a la miel, en la práctica puede incidir en la producción de varios rubros ganaderos que usan medicamentos que los contienen. Pollos, conejos, camarones, etc., son algunas de las especies donde, de hecho, más de un país ya recibió sanciones comerciales de parte de la Unión Europea (UE) por los residuos de «nitros» que contenían las carnes.
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Hasta ahora, el punto más complejo sigue siendo el destino de las 30-40.000 toneladas de miel que, se estima, pueden estar contaminadas con nitrofuranos y que, mayoritariamente, se encuentran en manos de apicultores y exportadores. El meollo de la cuestión, en ese caso, es que si bien el producto objetado podría utilizarse con fines cosméticos (según la opinión de algunos), sería casi imposible garantizar a los europeos que el destino real no sea la exportación comestible, en cuyo caso se podría perder la totalidad del mercado internacional (ya que el producto argentino se triangula a Europa desde otros destinos como Canadá, Australia u otros, debido a que se la considera como la mejor del mundo y se utiliza para cortes). En ese escenario, se estarían perdiendo ingresos anuales por alrededor de u$s 160 millones y los beneficios fiscales de las retenciones de 10% que gravan actualmente las exportaciones del producto. Este, a su vez, es el principal argumento de quienes apuntan a la destrucción «total» del producto, aunque nadie sabe de dónde saldrían los recursos para indemnizar a los apicultores, medida que no se discute dada la evidente responsabilidad en los hechos del Estado ( Secretaría de Agricultura y sus organismos) por « acción u omisión». Esta misma «omisión» y sus daños derivados pueden volver a sumarse a Agricultura como responsable directa de las políticas sectoriales y del SENASA, si no se adopta una decisión inmediata a un problema que ya está cerca de cumplir un año. Tal vez, entre viaje y viaje... * * * •... que la performance privada tampoco las tiene todas consigo y, aunque se reúnen para «deliberar», hasta ahora no se ven demasiadas acciones concretas. En tal sentido, el caso más emblemático sigue siendo el del Instituto de Promoción de Carne vacuna (IPCV) que, al margen de financiar algún equipamiento para oficinas públicas, sigue sin «despegar» en sus funciones específicas. ¿Será esto lo que tiene contracturado al nuevo gerente, el ex INTA, el federado Carlos Vuegen?, ¿o serán las críticas recibidas por su designación o tal vez la negativa del consejo de representantes a admitirle algunos «gastitos» extra por sobre sus honorarios como pretendió no bien desembarcó en el Instituto, entre otras cosas? Lo concreto es que se vio al hombre deambular pensativo con un antiestético e incómodo cuello ortopédico considerando, probablemente, que era mucho más fácil administrar recursos públicos, como en el INTA, o, al menos, podía pasar más inadvertido. De hecho, el Instituto no puede, siquiera, usar la inscripción «Argentine beef», uno de los principales indicadores de la carne argentina en el mundo, que perdió durante su gestión en Agricultura Antonio Berhongaray, en manos de la agencia de publicidad González Taboada, y que venía de la época del malogrado rolando García Lenzi, a principios de los '90. La agencia es la misma de la campaña de fin de año: « Pionono. Asadosisi» (sic) y de un multicolor boletín que no se animaron siquiera a distribuir. La conclusión, también previsible, es que la mala performance del IPCV, entre otras cosas, tiene frenado el proyecto de creación de otro órgano similar, pero para la leche, que hace meses que está en lista de espera y cuyo borrador circula por algunos ámbitos, pero sin que nadie se anime a lanzarlo oficialmente. ¡A ver si todavía surge otro engendro similar!...
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