5 de mayo 2008 - 00:00

Dicen en el campo...

Javier de Urquiza
Javier de Urquiza
... que, aunque los últimos días se dedicaron a una ya aburrida negociación del gobierno con el campo que, en realidad, todavía no toca siquiera los temas de fondo, y cuyas marchas y contramarchas ya desgastaron tanto a los dirigentes como a los propios funcionarios (si ese fue el objetivo estuvo bien logrado), igual hubo tiempo para algunos encuentros y festejos. Desde el cumpleaños de la reina Isabel en la embajada británica (que se celebró el 28 aunque, en realidad, es el 21 de abril), hasta un nuevo agasajo en el Alvear al decano de los empresarios, como ya se lo llama a Julio Werthein, que ya trasladó el comando del CICYP (Consejo Interamericano del Comercio y la Producción) a su sucesor Daniel Funes de Rioja, aunque se lo retendrá como «presidente honorario; pasando por la visita de un alto funcionario holandés, y hasta la apertura de un nuevo local de venta de alfajores santafesinos, en Recoleta, sobre Callao. Naturalmente, en todos lados, el tema excluyente era la relación del gobierno con el campo, en general bastante mala, a pesar de lo que intentan hacer creer algunos dirigentes, y el enojo que vuelve a crecer en el interior. «Si el gobierno hubiera querido arreglar esto, ya lo hubiera hecho», señalan muchos.

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... que, varios hechos casi pasan inadvertidos ante la vorágine de reuniones y encuentros, lamentablemente todos muy poco conducentes, con el magro saldo de pérdidade tiempo, y no mucho más. Por caso, el campo está hablando sólo con el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, y con el secretario de Agricultura, Javier de Urquiza. El nuevo ministro, Carlos Fernández, no sólo no se presentó aún al sector, sino que ni siquiera dirigió alguna palabra como para saber qué piensa. Es como si no estuviera sucediendo nada. En medio, hubo varias bajas y desapariciones, la mayoría estratégicas. Por ejemplo, hace días que no se escucha a Luis D'Elía, gran generador de rispideces de todo tipo, igual que el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, quien, tras cobrarse la cabeza del ex ministro de Economía, Martín Lousteau, parece haber bajado bastante el tono y, especialmente, la exposición. También desaparecieron los incendios del Delta y la secretaria de Ambiente, Romina Picolotti, una de las encargadas, junto con el ministro Randazzo, de acusar a los productores de incendiarios. De los gobernadores, especialmente de las provincias más belicosas como Buenos Aires (Daniel Scioli) o Entre Ríos (Sergio Urtubey) nada se supo y, en el primer caso, ni apareció el secretario de Asuntos Agrarios, Fernando Vilella, antes tan proclive a las apariciones y declaraciones públicas. Tan perdido está el ex decano, que hasta habría faltado a una reunión especial de la Comisión de Agricultura bonaerense donde lo esperaban casi a pleno. Parece que no cayó bien la ausencia. Tampoco aparecieron más los legisladores, inclusive algunos que eran muy mediáticos, y el frío -climático y económico-pareció haberse apoderado de todos los ámbitos, mientras iban quedando al desnudo las debilidadesestructurales de ambossectores negociadores.

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... que, el frente judicial hasta ahora no mostró grandes cosas, si bien los avances que se registraron en algunas localidades del interior respecto a amparos por las retenciones móviles, hacen prever que esa línea se puede recalentar en las próximas semanas, ya que hay una serie de presentaciones en lista de espera. Donde previsiblemente no pasó nada, y tampoco nadie explicó el sentido de la convocatoria, fue en el juzgado penal económico de Marcelo Aguinsky, al que debieron concurrir los titulares de las cuatro entidades del campo, y el secretario Moreno. Dado que las organizaciones gremiales no comercian, ni trasladan, ni son fijadoras de precios y, ni siquiera tienen gran poder de movilización (de hecho, toda esta protesta, hasta ahora, la armaron más los autoconvocados y las organizaciones intermedias), nadie entendió muy bien qué pretendía Aguinsky con el llamado y la supuesta pretensión de que se garantice el abastecimiento de alimentos. Igual, Moreno aprovechó para cargar, en su particular estilo, entre gracioso, irónico y amenazante, a todos los que fueron, dirigentes y letrados patrocinantes. Luego, tuvo que retirarse por la puerta trasera del juzgado.

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