EE.UU. consolida era de los "bio": biotecnología y biocombustibles
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El caso es que, si bien necesitan en algún caso algo más de potencia y velocidad de trabajo que los agricultores argentinos, el sobredimensionamiento de los «farmers» estadounidenses sólo se justifica porque «son más tierreros aún que los santafesinos», según apreció un cordobés mientras miraba el descomunal tamaño de una cosechadora, pero también la muy alta oferta de crédito (en monto y en lapso de devolución), lo que les permite tener maquinaria propia (y camiones), en general, sobredimensionada para sus extensiones, y aunque sea ineficiente y los mantenga endeudados, casi, en forma permanente.
Claro, también está el tema de los subsidios. De todos modos, éste parece ser uno de los pocos rubros adonde el «ahorro» de energía aún no llegó, aunque se prevé que no pasará demasiado tiempo para que las autoridades «incentiven» la compra de maquinaria más chica o en grupos (aquí no existen los contratistas, por ejemplo), y pugnen por acotar el derroche energético de los farmers, aunque el equilibrio con la industria automotriz y de maquinaria sea muy frágil.
Lo cierto es que los EE.UU. están haciendo una notable inversión y un gran esfuerzo para conseguir un rápido y contundente desarrollo en materia de biocombustibles que los «independice» de Medio Oriente, pero tambiénde la Venezuela de Chávez, aunqueesto no se mencione mucho en las reuniones.
La decisión es evidente y está plasmada no sólo en los niveles de capitales aplicados, sino también en el respaldo que están dando a la producción de biocombustibles, actividad que está cambiando el «mapa» y hasta la imagen de este cinturón maicero o corn belt. Y es, justamente, este tipo de combustible el que justifica el refortalecimiento que está registrando aquí la industria de la biotecnología para lograr cultivos cada vez más adaptados a tal objetivo.
Pero no es la única razón. También la mayor demanda de alimentos y la creciente necesidad de proveer granos más aptos para cada actividad están presionando en forma permanente sobre las compañías biotecnológicas.
Así, los primeros materiales transgénicos de hace una década lucen casi como arcaicos frente a las nuevas propuestas, ya en etapa experimental, y que prometen ingresar al mercado en los próximos años. Básicamente se trata de «combos», que suman varios eventos en la misma semilla. Por ejemplo: resistencia a sequía, resistente a glifosato (RR) y BT. Otros suman el «altooleico» o el «bajo linolénico», o el rico en Omega 3. Aparecen los maíces con lisina o la resistencia a nuevos herbicidas y, aunque el maíz y la soja concentran los mayores esfuerzos, también hay novedades en colza, girasol, alfalfas sin lignina, algodón, remolacha azucarera y, especialmente, especies hortícolas que parecen erigirse en las nuevas «vedettes» de la industria biotecnológica.
Lo cierto es que ya hay compañías de alimentos que están «encargando» materias primas con estas características para la obtención de sus productos, lo que promete generar otra revolución, no sólo industrial, sino también accionaria y de movimientos de capitales.


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