De acuerdo con los sondeos realizados en el interior del país, el área que se va a utilizar para la siembra de maíz disminuiría 12% en relación al año pasado. En este período se utilizarían 2.450.000 hectáreas contra 2.785.000 hectáreas que se sembraron en el período anterior. Realizando un cálculo de la posible producción que se obtendrá en abril de 2003, las estimaciones indican un volumen de 11.026.000 toneladas de cosecha de maíz, representando una disminución de 20%, comparando contra las 13.763.000 toneladas de maíz que se cosecharon el año anterior. Lógicamente, estos guarismos de producción son estimaciones utilizando para el cálculo rindes similares al año anterior y cantidad de hectáreas a cosechar, proporcionalmente similares a períodos precedentes. Porque debemos destacar que no se cosecha el total del área que se siembra con maíz. Se estima que quedan sin levantar unas 600.000 toneladas por año en promedio. Esta área en muchos casos no puede ser levantada por problemas climáticos, o porque se lo utiliza como alimento en «planta» para el ganado vacuno. También existe la posibilidad de que cuando avanza la evolución del cultivo los productores deciden no entrar con las máquinas porque este maíz pasa a no ser rentable -por bajos rindes o por inconvenientes de calidad comercial-. • Cálculos
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En otros casos, si se cosecha, se utiliza en forma directa para la elaboración de silo húmedo, o para alimento del ganado, no pudiéndose computar este maíz, dentro de los cálculos de producción. Y como hasta el momento estas cifras son obtenidas sobre las expectativas de decisión de los productores, existen variadas opiniones al respecto. La Bolsa de Cereales de Buenos Aires indica en sus últimos informes que el área de maíz disminuiría a 2.200.000 hectáreas, siendo una disminución de 16,3%. Algunos privados, son más pesimistas en sus opiniones, y vaticinan que el área puede llegar a disminuir más de 20%. De todas formas, la incertidumbre radica en los guarismos de producción. Porque en principio los cálculos se realizan tomando rindes similares al año pasado (6.000 kilos por hectárea), pero muchos operadores y analistas opinan que dichos rindes pueden ser mucho más bajos, porque los productores pondrán menos plata en trabajos culturales y en utilización de insumos, como fertilización y agroquímicos.
«Todavía no sé cuánto ni qué sembrar. La incertidumbre es total...» comentaba un importante chacarero de 9 de Julio, Provincia de Buenos Aires. Y ésta es la sensación que recorre los escritorios de los acopios y agronomías del interior del país. Porque ya se sabe que disminuyó fuerte el área dedicada al trigo (-20%), y como se indica, disminuiría el área de maíz también. La pregunta, entonces, es si verdaderamente el productor se volcará a sembrar más girasol y soja que el año pasado. Porque la decisión de los productores argentinos hoy por hoy está pasando más por cuestiones de inseguridad y falta de confianza que por cuestiones de precios. Todo indica que los valores de los granos se mantendrán sostenidos en los próximos meses, debido a inconvenientes de oferta y demanda mundial, por situaciones climáticas complicadas y por un normal reacomodamiento internacional de estructura de precios.
• Desconfianza
Pero la desconfianza y temor de los productores nacionales pasa por diferentes cuestiones: debido a los posibles cambios políticos que se avecinan; a las modificaciones en las retenciones a las exportaciones; los vaivenes de la cotización del dólar; preocupación de a quién le puede entregar su cereal, sin correr riesgos de no poder cobrarlo nunca; temor a la corriente del Niño y sus excesivas precipitaciones; desconfianza a no tener mercados de futuros en plena actividad, -por ende poco confiables-, y en definitiva, miedo a equivocarse sin tener margen para poder afrontar dicho error. Todo esto influye en el momento en que el productor argentino se sienta a considerar qué, cómo, cuándo y cuánto sembrará de cada grano. Si verdaderamente el área disminuye como se espera y la producción baja en lo previsto, nos vamos a encontrar con un escenario complicado, desde el aspecto de las exportaciones del cereal. Porque el saldo exportable sería de aproximadamente 5.000.000 de toneladas, contra 8/10 millones de toneladas que se vienen exportando en promedio en los últimos años. Esta baja en el volumen de exportación, representa un monto de 420 millones de dólares menos de ingreso de divisas. Sin considerar la disminución de ingresos por impuestos -directos e indirectos-, y de generación de actividad económica que va de la mano de los gastos e inversiones que realiza el productor agropecuario, una vez que levanta su cosecha.
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