«El sector agropecuario debe recuperar el poder político -aseguró Juan Cruz Jaime-; ninguna de las fuerzas políticas que disputarán los cargos legislativos en octubre considera al agro como el motor dinamizador de la sociedad argentina.» El sector agropecuario fue uno de los principales factores de progreso a lo largo de la historia argentina, pero sólo logró mantener una correcta integración con el sector público y con las autoridades en la llamada Generación del 80. Hoy, cuando las retenciones son un hecho y los controles de precios y las vedas vuelven al lenguaje de los políticos en cuanto aumentan la inflación, es necesario recordar que en el pasado estas medidas no pudieron dar respuesta a los problemas que supuestamente solucionarían. «Las claves para la correcta integración entre ambos sectores estarán dadas por la capacidad de que los productores agropecuarios vuelvan a convertirse en factor de la historia y que recuperen una posición de poder frente a políticas públicas intervencionistas», aseguró Juan Cruz Jaime, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Católica Argentina (UCA), durante el congreso regional de la zona Oeste Arenoso de AACREA, organizado recientemente en Córdoba.
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«El sector agropecuario va a tener realmente una integración con el sector público cuando comprenda la diferencia que existe entre el poder y la influencia», expresó y explicó que «poder es el que tiene el presidente para determinar los actos que lleva adelante en su modelo de Nación. Influencia es la que ejerce el secretario de Agricultura cuando trata de elevar una idea que considera beneficiosa para el sector». «Mientras tengamos un secretario de Agricultura condicionado por el poder, el sector agropecuario sólo va a tener una mínima influencia en las decisiones del país», indicó.
Según el profesor del la UCA, el período de la Generación del 80 fue el último momento en la historia de la Argentina en el que existió una relación ideal entre los sectores público y agropecuario. Sólo entonces este último pudo lograr que su modelo de Nación coincidiera con el modelo del interés nacional. «Esto se logróseñaló Jaime-porque existía una clara visión internacional respecto de cómo se movía el mundo y cuáles eran los factores de poder. En ese momento, la Argentina tuvo una clase dirigente conformada por productores agropecuarios que entendieron que si su sector no fomentaba ese modelo, otro iba a ocupar ese lugar.»
• Burocracia
La burocracia, entendida como un canal institucionalizador de las demandas hacia el poder político, es un elemento fundamental para que se puedan llevar adelante políticas públicas que beneficien al sector agropecuario. «Debemos separar la burocracia de la política, pero esto no quiere decir que la política sea mala» y agregó: «Nuestros abuelos pensaron que la política era mala y empezaron a delegar el poder de la clase dirigente en la corporación político-partidaria».
En este sentido, el sector público tiene que ser un actor competitivo, eficiente y comprometido con los intereses de la comunidad que representa. Pero para poder tener una visión positiva de lo estatal, tiene que existir un serio compromiso con la representatividad, porque no basta con votar periódicamente, sino que es necesario participar activamente para sumar políticas proactivas y hacer un correcto control de gestión.«Hay que volver a lograr que exista un compromiso en la función pública. El sector debe posicionarse en lugares clave y un lugar de alto rango es un ministerio, que permite tener una línea directa con el Poder Ejecutivo.» Jaime advirtió que «debemos recuperar una posición de poder frente a las políticas públicas intervencionistas». «A veces, el sector público tiene muy poco conocimiento del sector agropecuario y de sus reglas. Entonces, este último tiene la obligación de educar al soberano.»
Según Jaime, las claves para la integración en el siglo XXI están dadas por la generación de una dirigencia profesionalizada y acorde con los tiempos actuales. «La participación de los productores tanto en lo local como en lo regional, junto con un fuerte control de gestión y un reposicionamiento en los lugares clave, permitirá una correcta interrelación con el sector público en el siglo XXI.»
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