Hay que ayudar de otra forma a los productores
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En un análisis general del proyecto de ley está demostrado que este tipo de manejos de recursos públicos para fomentar la producción de un cultivo ha fracasado en la mayoría de los casos, tanto en el país como en el mundo. Las exenciones que se pueden poner de ejemplo fueron puestas en práctica siempre y cuando se contase con la seguridad de que quedase fuera de la corrupción pública y privada, que, con seguridad, no es el caso de nuestro país. El manejo de 50 millones de pesos por un plazo de diez años implica una suma demasiado importante para ser distribuida arbitrariamente por funcionarios y dirigentes, cuya asignación -dicho sea de paso-nunca llega como corresponde a los productores, que son los que legítimamente tienen que recibirlo. Con el agravante, además, de que este tipo de intervención como el que dispone el proyecto de ley termina distorsionando todo el mercado de ese cultivo, haciendo perder la orientación a todos los productores, se encuentren o no adheridos a este programa del fomento.
El gobierno nacional y los gobiernos provinciales tienen otras formas más directas y efectivas de incentivar la producción de un cultivo o de determinadas regiones. La eliminación de todos los impuestos distorsivos sería el primer paso por seguir para no ahogar a esos productores. La exención de determinadas cargas impositivas o tasas de servicios sería el paso siguiente y, en última instancia, la aplicación de reembolsos directos al producto terminado es otra forma de complementar una política activa por el Estado (política que no pone en riesgo los recursos públicos en manos de la burocracia pública y privada).
La producción de algodón -como otras-fue desplazada por otros cultivos por un tema de rentabilidad o precios relativos positivos (como es el caso de la soja).
Las políticas para el sector cuyo fin sea el éxito tienen que ser generales y no por cultivo. El productor, de esa forma, puede optar y hacer la rotación de los cultivos asumiendo los riesgos empresarios. No corresponde hacer lo que dispone el proyecto: que el algodón tenga la posibilidad de tener un seguro agrícola con apoyo del Estado y otro cultivo, alambre por medio, no pueda asegurarse porque no tiene un plan de fomento similar. Lo que necesitamos en materia de seguro agrícola es una política de Estado no obligatoria y cuyo alcance sea para todas las producciones y regiones del país, implementado por el sector privado y el Estado: así se induciría su uso. Con 50 millones de pesos se puede promover la utilización de seguros en todas las producciones del país; de esta manera podríamos pasar de 40% del área agrícola implantada asegurada actualmente, a 60%.
Sepan los legisladores y el gobierno que si prospera esta ley para el fomento del algodón no va a haber razón válida para oponerse a los innumerables reclamos y propuestas legítimas de determinadas producciones y zonas del país, que desearán tener un fondo específico para su desarrollo. Hay que asumir que este probable escenario se va a ir potenciando, ya que muchos funcionarios y dirigentes creen que el superávit fiscal se tiene que usar para este tipo de políticas que tanto daño le han hecho al país.
La única forma para poder desarrollar en primer lugar una producción, en segundo lugar una región y, por último, un país, es fijar reglas de juego permanentes para poder exportar a todos las naciones del mundo, produciendo un shock de exportaciones como el que necesita la Argentina (única forma sustentable y verdadera para mantener nuestro crecimiento).



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