8 de enero 2002 - 00:00

Inundaciones: aún falta criterio para su solución

Inundaciones: aún falta criterio para su solución
No hicieron falta más que algunos días sin lluvia durante noviembre y diciembre, que el agua bajara un tanto, y el tema de las inundaciones volvió a desaparecer prácticamente de las noticias como si sólo con no mencionarlo los problemas hubieran desaparecido también.

Lo cierto es que, en el «pico», llegaron a haber más de 15 millones de hectáreas afectadas (alrededor de 7 millones directamente inundadas), en pleno corazón de la Pampa Húmeda y, aunque en los próximos meses las precipitaciones se regularicen, sigue pesando la «espada de Damocles» de lo que pueda llegar a ocurrir en el otoño, cuando, normalmente, las lluvias aumentan y los índices de evaporación bajan.

Proyectos

Lo absurdo es que existen los antecedentes, abundan los proyectos, se puede decir que la situación está «sobrediagnosticada», pero las obras integrales nunca se inician. Y, si bien dependen de decisiones políticas, cuesta creer que ningún funcionario hasta ahora, en la cantidad de años que lleva el problema, haya hecho la cuenta del costo-beneficio, pues, si bien se trata de grandes inversiones (se habla, sólo en el arranque, de no menos de u$s 1.800 millones), no es menos cierto que seguramente debe ser similar o mayor aún el monto que se pierde por menor producción, caída de la recaudación, reducción de la actividad económica en las zonas afectadas y, peor todavía, costo político por desocupación, abandono de tierras, éxodo hacia los grandes centros urbanos, etcétera.

En los últimos años, en la región afectada también ahora, hubo lluvias superiores a los 500-700 mm en 2 o 3 meses, en el '80, '85, '87 y '88, entre otros.

Pero este año, sólo en la provincia de Buenos Aires, se superaron los 6 millones de hectáreas afectadas cuando, en 1993, según las cifras oficiales de la inundación de ese año, se rondaron «apenas» 500.000 hectáreas.

O sea, el problema se fue agravando y, hasta tal punto, que antes del pico de noviembre, cuando casi nadie hablaba del tema, había 2 millones hectáreas afectadas, y localidades como
Henderson o Pehuajó, por mencionar sólo algunas, cumplían más de 10 años inundadas.

Pero, además, ésta no es una inundación extraordinaria. Según los especialistas como
Estela Carballo, del INTA, o Víctor Aiello, de la CONAE (Comisión Nacional de Actividades Espaciales), entre otros, la alternancia de largos períodos húmedos (como el actual) y períodos secos se remonta, al menos con datos sistemáticos, a fines del siglo XIX. Entonces, ya Florentino Ameghino hacía estudios, que obran en las buenas bibliotecas, sobre las inundaciones bonaerenses de fines de los '90 (1890), época a la que también se remonta el primer Plan Maestro (¡1898!).

Ese período húmedo, que se extendió hasta alrededor de 1930, también fue estudiado por el doctor Posadas y de entonces data la mayoría de los canales existentes (a excepción del Mercante, que se construyó recién en 1991/'96), aunque Ameghino renegaba de tal técnica, ya que sostenía que «los canales no tienen la culpa de la seca ni sirven para las inundaciones», lo cual habría quedado demostrado ahora, a la luz de la situación que vivió la Pampa Húmeda, especialmente en la provincia de Buenos Aires.

En todo caso, esos registros históricos muestran que el actual nivel de precipitaciones no es inédito, ni se justifica por «el cambio climático global», dicen los especialistas.

Por caso, en aquel período húmedo cayeron 200 mm en 4 días en el Oeste en 1908; en 15 días de abril del '15 hubo 350 mm en
Villegas, Venado Tuerto y La Picasa, mientras que entre abril y principios de junio del '900 cayeron más de 750 mm en Las Flores y Olavarría, por citar sólo algunos ejemplos.

La diferencia es que entonces era muy distinta la utilización de la tierra, no había canales (y, mucho menos, con «domos» que actúan como diques) y tampoco existía la cantidad de obras viales sobre grandes terraplenes y con escasez de alcantarillas, en número y dimensión, como en la actualidad.


De acuerdo con los técnicos, en este último pico de crecida, hubiera hecho falta un canal similar al río Uruguay para sacar totalmente el agua en 6 meses.

Pero ¿sería la solución? Los especialistas dicen que no, ya que, entre otras cosas, los largos períodos se alternan.

Tras el húmedo, que duró desde fines del XIX hasta alrededor de 1930, vino uno seco, que se extendió desde entonces hasta los '70, cuando el húmedo volvió, extendiéndose hasta nuestros días.

Pero las soluciones existen.

El agua se maneja; en caso contrario,
Holanda, que está a 6 metros bajo el nivel del mar, no existiría. Sin embargo, hay que «blanquear» algunas situaciones.

Ya en el pasado, los que sabían hablaban del
«circuito de las 8 lagunas», refiriéndose al conjunto de grandes reservorios hacia los cuales dirigir los primeros excedentes (sin sacarlos totalmente de la región), para aprovecharlos en el período seco y mantener la altura de las napas, para evitar así que se produzcan grandes desiertos.

Sin embargo, ahora, parece que más de un intendente,
entusiasmado por los ingresos del turismo veraniego en esos grandes ojos de agua, se negó a bajar las cotas de las lagunas en el verano (tal como lo recomendaban los especialistas), perdiendo así la posibilidad de ampliar la recepción de agua cuando comenzó a llover.

Improvisación

Lo mismo se podría decir de terraplenes viales y albardones de canales, mal pensados y peor ejecutados, que obran como diques agudizando la crisis. Pero éstos no son el único problema.

Por caso, el último gran proyecto, el realizado por la inglesa
Hallcrow & Partners, de buena concepción según los entendidos, requeriría algunos ajustes, ya que, al parecer, los datos que se le brindaron a la consultora para la realización del estudio no incluían los picos previos a 1925-'30. Por otra parte, y también ya en referencia a esta propuesta concreta, crecen las objeciones a comenzar la obra en el nornoroeste bonaerense, en lugar de iniciarla aguas abajo, por la desembocadura del Salado y aledaños, como habitual-mente se ejecutan estos proyectos.

Pero, además, da la impresión de que
sigue faltando un «criterio nacional» para abordar el tema, tanto desde el punto de vista del manejo del agua, como por los proyectos para cada una de las provincias afectadas.

Y así es evidente que, aunque finalmente se iniciaran las obras algún día, éstas no darían una solución total al problema que seguiría, tal vez un tanto atenuado, afectando a productores, localidades y al conjunto del país por desaprovechamiento de extensas áreas productivas.

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