La ganadería sin chances: deuda o descapitalización
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La ganadería de la Argentina se enfrenta a una encrucijada de difícil solución. Las dudas acechan a los productores.
La repuesta indudablementees totalmente negativa. Con estos valores y con el constante aumento de nuestros costos, el productor tiene dos alternativas: o se endeuda o se descapitaliza.
Y éste es el grave riesgo que corremos, volver nuevamente a la situación de la convertibilidad donde desaparecieron 200.000 productores. En una charla con un reconocido funcionario del gobierno, hablando de los acomodamientos de los precios nos decía: «¿Qué es acomodarse los precios para ustedes, tener el mismo valor, en moneda constante, que en la convertibilidad, donde muchos productores se fundieron? No se olviden que hoy tienen 20% o 30% menos en los valores de sus costos».
Claro, respondimos defendiendo nuestra situación parecida a la de la década del 90, pero nuestros productos también valen 20% o 30% menos. Peor aún, cuando explicando a otro funcionario que con $ 2,40 el kilogramo de novillo muchos productores y sobre todo los de zonas marginales, que no tienen otra alternativa productiva, donde se elevan los costos por problemas climáticos y de suelos, no podían producir a esos precios, su contestación fue categórica: «Y si no pueden producir, que se fundan».
Creo que esta contestación engloba una realidad: al gobierno no le importa el productor, sabe que de alguna manera va a producir, endeudándose o descapitalizándose, está obligado a hacerlo, no puede dejar dos o tres años el campo cerrado, como sí lo hace una industria. Sus números son sólo para que «el pueblo» pueda tener hoy carne, leche y granos baratos, y el productor que no se «acomoda a esta realidad que se funda». Esta situación, indudablemente, nos aleja de la premisa de «la inversión», de todas las escuelas económicas, como herramienta fundamental para superar la combinación del crecimiento con las mayores demandas.
Estamos lejos de aumentar la oferta, me animaría a decir que la desalientan, y con seguridad dentro de seis meses, un año o dos años, vamos a ver menos vacas en los campos. Por eso, entre las medias verdades económicas de si se puede o no llegar a acuerdos de precios, de que si se puede o no hacer un seguimiento de los costos de la cadena, queda encerrado el sector primario agropecuario, que por su gran capacidad y eficiencia productiva, por las ventajas comparativas de nuestro clima y suelo y por la obligación de tener que producir, se lo castiga con precios dirigistas, subjetivos, totalmente lineales y sin tener en cuenta el desarrollo social del interior.
Me preocupa que nuestros legisladores, todos paridos en el interior y gobernadores guarden silencio de tumba, tal vez cuando todos estemos de luto se acordarán de que el interior alguna vez tuvo vida.



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