Esta nueva edición 2002 de la Rural, que inaugurará mañana oficialmente, muestra varios retornos y, si bien los visitantes generales la ven «linda, aunque más chiquita», la gente del sector se encuentra mucho más a gusto que en las versiones anteriores, cuando parecía más un shopping coreano, que una exposición ganadera. Pero además, volvieron las maquinarias, volvieron los animales de todas las especies juntos en un solo turno, volvieron las discusiones técnicas y los espacios exclusivos para la tecnología y la difusión del campo, y hasta para los accesorios rurales, como muebles o ropa.
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Por el camino quedaron algunas cosas. Se perdió el típico olor a choripán y las colas para acceder al exquisito bocado (especialmente después de caminar mucho y con el frío habitual en esta época del año); casi desaparecieron las promociones en forma de gorritos, calcomanías y toda la batería de merchandising que caracterizó al marketing de las principales empresas en la década pasada; casi no hay agasajos/ cócteles/ festejos; tampoco se ven stands de autos y de bancos, ya que hay prácticamente sólo un representante de cada uno de estos rubros; hay poca gente con «bolsas», y también «desapareció» casi una semana en la extensión de la muestra acotada, en este caso, a apenas 12 días contra los 18 que tenía hasta el año pasado.
Pero el balance igual es positivo. Es mucho más lo que se recuperó que lo que se perdió. Sin embargo, y aunque nada tiene que ver con los organizadores, el marco de la Rural es también la caja de resonancia de otros varios «retornos» muy negativos para la producción -en particular del campo-, y que implican, no ya volver a los '90 sino a los '80, cuando el campo producía entre 30% y 50% menos que en el reciente fin de siglo, con sistemas extensivos, ganadería obligadamente pastoril, y maquinaria y tecnología en muchos casos obsoletas.
Ahora, nuevamente retenciones, rumores de controles de precios, falta de insumos, costos en escalada diaria, y toda la batería que caracterizó a aquella época y que, entonces, provocaba reclamos y silbatinas desde esas mismas tribunas que mañana asistirán a un nuevo acto oficial.
Evidentemente, «20 años no es nada» y, en medio, pareciera que no sucedió demasiado...
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