En la Argentina aumentaría 16% el área de siembra de colza o canola. Este año se sembrarían 28.500 hectáreas contra las 24.500 hectáreas utilizadas el año pasado para este cultivo. En tanto, el estimado de producción sería de 46.710 toneladas, representando un aumento de 20%, considerando que en el ciclo precedente se cosecharon 38.710 toneladas. Con este interesante aumento del área dedicada a la canola queda en evidencia cómo el productor nacional busca alternativas que le sean rentables.
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La colza tiene varias ventajas comparativas con otros cultivos. Una de ellas es que los rindes por hectárea año a año han mejorado gracias a las nuevas variedades de semillas que se fueron incorporando en el mercado nacional. Es notable cómo han cambiado los guarismos productivos, donde en la actualidad los lotes rinden de 1.900 a 3.000 kilos por hectárea, siendo lo habitual hace 10 años tener rindes promedio de 1.000/ 1.100 kilos por hectárea. Estas mejoras siempre hablando de campos en secado, sin ningún tipo de riego artificial. Además, las nuevas semillas utilizadas han contribuido con la calidad comercial que se obtiene en la cosecha, haciendo que la semilla por vender sea de sencilla colocación en los mercados internacionales.
Otra gran e importante ventaja son los precios y los mercados. En enero de este año, la colza llegó a un valor cercano a los 250 dólares por tonelada. Por estos días cotiza a 180 dólares por tonelada. Al ser un cultivo apto para zonas marginales, hace que su producción sea un negocio muy rentable. En relación con los mercados, existe un consumo interno muy escaso, destacándose los negocios de exportación. Las empresas exportadoras están intentando dar alicientes a los productores para que siembren colza, ya que el negocio de exportar esta oleaginosa es verdaderamente importante. Quizá no en los volúmenes comercializados, pero sí en la seriedad y la seguridad de cobro de los destinos compradores. Otra importante ventaja es que es una oleaginosa de invierno, y en nuestro país la cosecha se produce a contraestación de los demás países productores, originándose así mejores valores en la comercialización. «No se sembró más colza por falta de semilla...» comentaba Horacio Bienzobas, de Pergamino, Buenos Aires. La canola se siembra hasta fines de julio y se cosecha en el mes de noviembre.
• Beneficios
De esta forma, los trabajos de cosecha y flete son más baratos, ya que las máquinas y los camiones se encuentran sin trabajo a la espera de la zafra triguera. La estacionalidad antes mencionada también beneficiaría a las fábricas elaboradoras de aceites, porque en esa época que se cosecha la colza, las aceiteras se encuentran inactivas.
De esta forma disminuiría la mentada capacidad ociosa que hoy tienen los industriales aceiteros nacionales. Otra ventaja es que luego de la cosecha de la colza existe la posibilidad de realizar siembra de soja de segunda, haciendo rotar los cultivos en campos donde año tras año se viene haciendo trigo/soja. Todavía falta un trecho importante para llegar a las 36.000 hectáreas que se sembraron en el año 1992, siendo todavía récord de área sembrada. Pero de darse los guarismos previstos de producción para este año, estaríamos en la cifra récord de los últimos 20 años.
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