La Rioja duplicó en la década pasada el total de su superficie cultivada, que hoy alcanza a unas 20 mil hectáreas y se convirtió en una de las principales productoras de aceite de oliva, según un informe preliminar del Censo Nacional Agropecuario que terminará a fin de mes. Las primeras cifras difundidas por la Secretaría de Producción riojana indican que la provincia «pasó de 8 mil a más de 20 mil hectáreas cultivadas desde 1998 a la fecha», pese a las enormes dificultades que presentan la aridez de su suelo y la escasez de lluvias.
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«Es muy importante el salto que dio la provincia al ampliar sus fronteras agrícolas, especialmente con la incorporación de nuevos productores y nuevas tecnologías», subrayó el secretario de Producción, Jorge Bengolea.
La ley de diferimientos impositivos y el régimen de promoción agroindustrial le permitieron a La Rioja, especialmente en el último quinquenio de la década pasada, desarrollar ampliamente cultivos tradicionales, como el nogal, la vid y el olivo y cultivos innovativos para la región como el tabaco y el pistacho. «Incluso -precisó Bengolea-, en capacidad instalada estamos por encima de las 20 mil toneladas (anuales) de elaboración de aceite de oliva» con el aporte de las distintas firmas del rubro alimenticio desarrollaron en La Rioja. El funcionario pronosticó que la producción de aceitunas se ubicará próximamente en unos «150 millones de kilos anuales» y que, «sumando lo que producen Catamarca y San Juan, convertimos a la región en el principal polo olivícola del país». El despegue de la agricultura local se debió básicamente a la llegada de fuertes capitales que invirtieron al amparo del programa de diferimientos impositivos y de promoción industrial y agropecuaria. Eso permitió ingresar tecnología esencial para la zona como el sistema de riego por goteo, un método inventado en Israel y diseñado especialmente por zonas áridas.
Ese método permite extraer agua subterránea, en algunos casos a más de 200 metros de profundidad, y mediante computadoras administra el riego sin inundar y mantiene la humedad permanente en las plantaciones.
Según Bengolea, ahora el gobierno local quiere «armar alianzas estratégicas» que posibiliten «ampliar las fronteras de comercialización» de los productos y, paralelamente, «prestar atención al sector productivo tradicional», ampliamente superado por el fuerte proceso inversionista que llegó de la mano de los regímenes fiscales.
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