28 de junio 2001 - 00:00

Nutrición nitrogenada y sistemas de labranza de maíz

El objetivo más generalizado para el cultivo de maíz es el de lograr buen crecimiento y altos rendimientos, para lo cual, a igualdad de otros factores de crecimiento, es necesario un adecuado y balanceado suministro de nutrientes, afirman los expertos del INTA.

Para los suelos de la región pampeana húmeda y particularmente para los del sudeste bonaerense, los mayores
condicionantes nutricionales para el logro de aquel objetivo son la limitada disponibilidad de nitrógeno y fósforo.

Cubiertos los requerimientos de fósforo, el nitrógeno es el nutriente más importante para la producción del cultivo de maíz, debido a las elevadas cantidades requeridas y a la frecuencia con que puede limitar los rendimientos. El nitrógeno debe estar bien provisto en cantidad y oportunidad como para asegurar un óptimo estado fisiológico en floración, por ser el momento alrededor del cual se define el número de granos por unidad de superficie, y, en parte, el rendimiento del cultivo.

La acumulación de nitrógeno en la parte aérea del maíz es de aproximadamente 20 kg N/Ton y considerando que el 30% permanece en el rastrojo, significa que aproximadamente se exportan 14 kg N/Ton de grano que se cosecha.

Las labranzas afectan el contenido de nitrógeno del suelo ya que actúan de distintas formas sobre los procesos físicos, químicos y biológicos relacionados con la disponibilidad de nitrógeno en el suelo. La cobertura de rastrojo asociada a la siembra directa (SD) reduce las pérdidas de humedad por evaporación, aumenta la infiltración y disminuye la velocidad de los escurrimientos superficiales permitiendo controlar la erosión. Esto hace que generalmente se encuentre un mayor contenido de agua en el suelo con respecto a la labranza convencional (LC). La permanencia de los residuos sobre la superficie del suelo, sumado al por lo general mayor contenido de agua del suelo bajo SD, hacen que se mantenga una menor temperatura de suelo que bajo LC. En el cultivo de maíz, la menor temperatura registrada bajo SD produce un atraso de la emergencia del cultivo de entre 2 y 5 días.

Asimismo, el uso continuado de SD puede provocar compactación del suelo debido a las sucesivas pasadas de implementos agrícolas, lo que a su vez incrementa la resistencia mecánica (RM) al crecimiento de las raíces. Si bien se han determinado mayores valores de resistencia mecánica en SD, los mismos no han sido tan elevados como para afectar el crecimiento de las raíces de maíz. Estas se afectarían por valores superiores a 1,3 y 2,0 MPa en las etapas inicial y posteriores del cultivo, respectivamente.

Como se mencionó, la SD produce cambios en el ambiente edáfico que pueden afectar el crecimiento y desarrollo iniciales de los cultivos y, por lo general, llevan a una menor disponibilidad de nitrógeno. Esto puede atribuirse a la disminución de la mineralización, y a aumentos de las pérdidas por desnitrificación, volatilización y/o lavado, y de la inmovilización. Independientemente de cuál sea la causa de la menor disponibilidad de nitrógeno, se afecta la cantidad de nitrógeno acumulada por el cultivo.

En los primeros años bajo SD, el reciclo de nitrógeno es más lento, ya que se produce una acumulación de materia orgánica en los primeros centímetros de suelo. En el largo plazo, esto se asocia con un compartimento más grande de nitrógeno orgánico, y es posible que se produzca mayor mineralización bajo SD que bajo LC. Esta mayor acumulación de materia orgánica e incremento de la fuente de nitrógeno orgánico se puede lograr también con la incorporación de una pastura en la rotación.