7 de diciembre 2000 - 00:00

Producir con miras a los mercados externos

En los últimos tiempos la intensidad y la alta movilidad en los cambios configuran nuevos escenarios que requieren reposicionamientos en la tarea del productor rural. En este marco lo que antes era operativo y útil deja de serlo. Por ello se hace necesario buscar otras herramientas metodológicas para abordar el quehacer. Actualmente es el mercado el que orienta la producción, por lo que el hombre de campo se proyecta al mundo interrogándose acerca de qué es lo que el consumidor desea como alimentación. Desde esta premisa las respuestas se buscan partiendo de las potencialidades propias y de los recursos existentes y a crear. De este modo el prólogo de la planificación será identificar sus posibilidades para producir lo que es apto para insertarse en los mercados.

Los pronósticos indican que en dos décadas más la población llegará a los 7.760 millones de habitantes y la mitad de los mismos residirá en siete países, entre los que de acuerdo a las expectativas de aumento demográfico se encuentran especialmente China con 1.288 millones e India con 1.246 millones.

Prioridad

Enmarcar la planificación de la producción en este contexto actual y futuro es una prioridad que orientará el rumbo del productor. En el mundo actual se impone la necesidad de instrumentar un pensamiento estratégico en el cual las evaluaciones se hagan ya no en términos lineales sino contextuales. La planificación tiene la ventaja de permitirle al productor aprovechar plenamente los insumos ya existentes usando las capacidades de todos los afectados al trabajo.

Anteponer el pensamiento a la acción supone la previsión de futuras complicaciones así como la posibilidad de detectar oportunidades. Tomar distancia de las situaciones y problemas, sin caer en derrotismos ni optimismos ingenuos, da la posibilidad de valorar nuevas alternativas, permite definir más claramente las metas y los alcances posibles. El pequeño productor en muchas ocasiones «produce para mañana con el coraje de lo que ganó hoy». No piensa en números ni calcula costos, no está acostumbrado a hacer presupuestos y balances ni lleva registros escritos.

El productor no sólo debe actuar frente a una emergencia ya que es importante la prevención y detección precoz de los problemas. El acceso a las comunicaciones, la simplificación en el trabajo que ofrecen las nuevas herramientas y el mayor tiempo disponible como producto de los avances tecnológicos, ofrecen al productor la posibilidad de trabajar sobre lo importante y no sobre lo urgente.

Desajustes

Frente a la nueva situación las grandes explotaciones agropecuarias se apoyan en elementos certeros de planificación. Adoptando modelos de empresas industriales, previenen en detalle posibles desajustes y realizan un metódico monitoreo del curso de las tareas, utilizan la autocrítica cuando se producen desviaciones en relación a lo esperado. Los más afectados son el pequeño y mediano productor que deben incorporar nuevos conceptos teórico-prácticos ya que las posibilidades de ensayo y error son cada vez más limitadas, implican pérdidas de tiempo, aumentan los costos y multiplican los riesgos.

Las nuevas generaciones, interactivas con las fuentes de información y ávidas de incorporar valor a los productos a través del ingenio y la creatividad, se comprometen más fácilmente con la idea de proyectarse al futuro. La población de edad intermedia, con mayor o menor convencimiento, ve la necesidad de poner en juego procesos cada vez más elaborados y distantes de la mera praxis.

Los que ofrecen mayores barreras ideológicas ante la planificación son las personas mayores que tradicionalmente portaron los emblemas de experiencia y que no pensaban que el éxito podía estar ligado a un plan. Por el contrario, pensaban que programar un plan para prevenir problemas era llamar a los problemas. Para ellos es doloroso y difícil asimilar que el saber representado anteriormente por ellos como portadores de la experiencia, hoy se ha desplazado a otras fuentes de capacitación y apoyo logístico.

Panorama

El panorama actual es vivido como un tembladeral y no hay éxito posible si no se instrumenta la planificación adecuada y se previenen errores para que no se transformen en defectos. Algunos tienen una postura optimista frente a los nuevos paradigmas y elaboran ideas creativas que no siempre se plasman en proyectos viables. Otros se obsesionan con un plan determinado y no son capaces de reformularlo si es necesario. Muchos sienten que si todo cambia con tanta rapidez se debe afrontar el problema cuando se presente. Temen que las permanentes variantes los confundan por lo que se cierran y rigidizan. Otros amplían su espectro de posibilidades y con avidez se entregan a la abundancia de información sin poder sintetizar. Si el productor acepta el desafío de replantear y repensar su diseño de acción a partir de un profundo balance de su recorrido estará en mejores condiciones de introducir las nuevas categorías vigentes y hará proyectos viables y realistas organizando el trabajo con nuevas perspectivas. Integrando la acción al pensamiento y con la convicción de que el destino se construye en vez de padecerse, debe adoptar una actitud dinámica e innovadora que responda a los nuevos requerimientos y trascienda lo inmediato.