Productores abandonan el trigo por otros cultivos
-
El campo y su revolución ¿con o sin infraestructura?
-
SanCor formalizó su pedido de quiebra y la decisión ahora queda en manos de la Justicia
Como lo viene anticipando Ambito del Campo, el área triguera del presente ciclo disminuye notablemente.
Se sembraron 5.552.000 hectáreas contra los 7.100.000 hectáreas que fueron implantadas el año pasado. Estos guarismos no sorprenden a muchos, quienes ya venían viendo cómo la decisión de los productores nacionales pasaba por dejar de hacer trigo para dedicarse a otros cultivos. En tanto, la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, con mayor moderación, indica en sus informes que el área triguera disminuiría 14%, mientras que en el extremo opuesto, la SAGPyA manifiesta que la disminución de hectáreas dedicadas al trigo no sería más que de 11 por ciento.
Las estimaciones oficiales de la Secretaría son tomadas con pinzas por parte de los operadores, sabiendo que el discurso oficial generalmente es optimista a ultranza.
De confirmarse estas cifras, la Argentina dejaría de producir 2.606.000 toneladas de trigo, representando 443 millones de dólares menos de ingresos para los productores nacionales. Se podría también estimar cuál sería el impacto económico de esta baja en la producción, desde el aspecto del ingreso de las divisas, retenciones de exportaciones, impuestos varios, trabajo de los transportistas, acopios, corredores, etc. Lógicamente, estas cifras de producción están estimadas considerando que no exista ningún inconveniente climático, calculando rindes similares a los obtenidos el año anterior. Si se llegaran a cumplir los pronósticos de primavera y verano llovedores, las cifras podrían cambiar radicalmente. Porque el exceso de lluvias traería aparejado problemas fúngicos, con la aparición del temido fusarium.
Muchos fueron los motivos que llevaron a los productores a decidir no sembrar trigo, o al menos a disminuir el área utilizada para este cereal. La falta de crédito por parte de las instituciones bancarias y del sector comercial influyeron notablemente. En la actualidad, nadie puede dar crédito a nadie, y menos los componentes de la cadena de comercialización granaria. También influyó la lentitud del desarrollo de la cosecha gruesa. Porque a medida que se retrasó la trilla del girasol, el maíz y la soja, se fue pasando el tiempo para la siembra de las semillas de trigo de ciclo largo y medio.
En muchos casos quedaron solamente las semillas de ciclo corto, aunque la implantación de éstas es complicada en algunas regiones y los rindes que generan son menores que los de las otras semillas. También un factor para tener en cuenta fue el gasoil, que con sus continuos aumentos y la falta de suministro en algunas zonas -por falta de crédito-, hizo complicadas las tareas de siembra. Además, el productor nacional consideró en su decisión los suministros importados. Viendo que existía la posibilidad de que faltaran productos para el trigo -cosa que está ocurriendo en la actualidad-, desestimó sembrar este cereal. Por ende, también si se utilizaran menos insumos, fertilizantes y agroquímicos, nos encontraríamos con que las cifras de producción nacional tendrán que ser revisadas y modificadas hacia abajo. Y todo esto está ocurriendo con el cereal que es sinónimo de alimento, ya que con él se hacen la harina, el pan y los fideos. Un cereal que es de sencilla colocación en el mundo, donde los países compradores buscan con avidez la calidad del trigo argentino.


Dejá tu comentario