25 de abril 2003 - 00:00

Regalías agrarias: "Hay que hablar de lo que se sabe"

Esta nota podría figurar en cartas de gente enojada, pero el vicegobernador de Santa Fe es un referente indiscutido en el sector agropecuario. Porque proviene de la dirigencia gremial del campo y porque representa a una de las más prósperas provincias agropecuarias. Su visión es digna de ser discutida.

El ministro de Economía acaba de formular declaraciones sobre varios temas vinculados a la actividad productiva que a nuestro juicio requieren una respuesta aclaratoria, ya que el silencio podría ser tomado como aprobación o como falta de argumentos para refutarlas.

Para colmo, uno de los ámbitos escogidos por el señor ministro para sus apreciaciones ha sido la ciudad de Rosario, epicentro de una actividad productiva que permitió al actual gobierno nacional zafar de los peores aspectos de la crisis y manejar, con orden y mesura que deben ser reconocidos, una transición que podría haber sido caótica y peligrosa para el país en su conjunto. En vez de venir a nuestra provincia para agradecer, el señor ministro vino para menospreciar legítimos planteos y reclamos efectuados con toda educación, respaldados por la autoridad que da una administración prolija en todos sus aspectos.

• Desgaste

• En primer lugar, cuando el gobierno de la provincia puso a consideración la conveniencia de pensar en compensaciones para la producción primaria debidas al desgaste de los suelos, estaba simplemente señalando una realidad. Si bien en una fábrica cabe prever la renovación de maquinaria mediante la cuenta de amortización, nadie puede «comprar humus», y aunque la labranza mínima ha reducido la velocidad del proceso de deterioro, paulatinamente se hace necesario un mayor costo para mantener el nivel cuantitativo y cualitativo de producción.

El señor ministro, lamentablemente, prefirió ironizar sobre la propiedad de suelo y subsuelo en lugar de intentar, por lo menos, comprender la naturaleza de la cuestión.

Para peor, se deslizaron en torno a tales palabras equívocos que deben ser aclarados de inmediato. No se trata de que un sector pague esta compensación a otro; no se trata de impulsar ningún impuesto nuevo a la tierra, y tampoco se está impulsando que provenga de las retenciones, porque ya está dicho que para el gobierno de la provincia de Santa Fe lo único que corresponde hacer con las retenciones es eliminarlas.

• En segundo término, el señor ministro desestimó una justa actitud del gobierno de Santa Fe ante la Nación, al recordar que nuestra provincia no emitió bonos propios a pesar de la honda crisis económica y financiera del país, y que esa muestra de buena administración debería ser reconocida de algún modo práctico. Por lo visto, el señor ministro comparte un criterio que ha afectado a la Argentina en las últimas décadas, según el cual no existen premios ni castigos, y a la hora de distribuir no se tiene en absoluto en cuenta si quien recibe se manejó bien o mal durante el tiempo de dificultad. Es indudablemente mejor pensar en premios por hacer las cosas bien que en felicitaciones para los que las hacen mal, o en castigos para los cumplidores, como a menudo parece notarse en ciertas decisiones.

• El señor ministro llega al extremo de acusar de «voraces» a los productores que reclaman que sus liquidaciones de impuestos tengan en cuenta la inflación, y a aludir a que prestar oídos a tales requerimientos sería crear distingos injustos respecto del resto del país tributante.

• Sobrevivencia

Olvida el señor ministro, seguramente, que a partir del default y el consiguiente cese de pagos y de ingresos de divisas por las vías habituales de la inversión y el crédito externos, la administración de la que forma parte sobrevivió casi exclusivamente del producido de las retenciones a las exportaciones. Dicho de otro modo: la producción debió asumir la totalidad del esfuerzo financiero nacional para cubrir las consecuencias de una medida de origen ajeno a su voluntad, tomada por la administración central obviamente sin haber consultado con quienes luego deberían solventarla. Y ahora, que sólo pide que su patrimonio no se vea doblemente afectado por la siempre nociva inflación, no se lo escucha y se le manda callar como si pretendiese algún privilegio delirante.

Podría extender estas líneas para abundar en observaciones acerca de los dichos del señor ministro, cuya importancia se agrava porque debe suponerse que representan el pensamiento del gobierno próximo a fenecer del que forma parte. Pero ello sólo serviría para sobreabundar y fatigar a los lectores, que si además son productores, saben a ciencia cierta de lo que se trata.

Si se me permite una referencia estrictamente personal, creo que haber sobrevivido más de tres décadas como productor en la Argentina, pese a todo lo acontecido, me confiere suficientes pergaminos como para plantarme frente a esta nítida manifestación de desconocimiento de un rubro como el productivo por parte del señor ministro. Aguardé antes de responderle porque creí que se trataba de un enfoque distinto al que considero correcto, y supuse que su planteo podría contribuir a enriquecer el debate y hallar mejores soluciones para los problemas que nos angustian.

Pasado un tiempo que considero prudencial como para conocer los argumentos del señor ministro, no puedo menos que llegar a la conclusión de que no se trata de una visión distinta. Simple y lamentablemente, el señor ministro amonesta, advierte y define, pero no conoce el tema del que está hablando.

* Marcelo J. Muniagurria es el vicegobernador de la provincia de Santa Fe

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